"El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas tuvo una visión de la historia que encontró en cada hito libertario del país un motivo para articular una propuesta"
En mi pésame público por la muerte del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, inicié con una frase de Víctor Hugo que este pronunció en el funeral del escritor Honoré de Balzac: “De ahora en adelante, las miradas no se dirigirán a las cabezas de los que gobiernan, sino a las de los que piensan, y el país entero se estremece cuando desaparece una de estas cabezas”.
Sé que contiene una ambición desproporcionada, pero a mi modo de ver, con la pertinencia para justipreciar, al margen del poder establecido, una fructífera vida que se extendió a lo largo del siglo XX hasta ahora.
La voz del poder no es la única. En el futuro se irán expresando sus hazañas por la libertad y la democracia, su personalidad, sus errores y omisiones. Es lo justo. Pero el balance crítico, no tengo duda, le será favorable.
Empiezo por decir que con actos honró la memoria de su padre, el general Lázaro Cárdenas del Río, el Presidente honorable del que nos habló Octavio Paz. Esto es excepcional en un país en el que desde la etapa colonial los linajes corrompen. En este marco, el ingeniero Cárdenas brilló por su sencillez, austeridad y de inicio por haber emprendido una carrera más cercana a la tecnología que a la política.
Hoy se recuerda su disenso que desembocó en el crucial año de 1988, pero poco se sabe que en 1974 hizo campaña como precandidato a la gubernatura de Michoacán, pero ante la imposición del candidato Carlos Torres Manzo, Cárdenas protestó públicamente. Eran los tiempos en que Jesús Reyes Heroles dirigía el PRI nacional y Luis Echeverría era Presidente de la república.
Con esto quiero decir que no fue ciego ante el autoritarismo de un PRI que finalmente lo llevó a la gubernatura de Michoacán de 1980 al 86. A su modo fue un insumiso y eso se demostró de manera de manera clara cuando rompió con los designios presidenciales de Miguel De la Madrid Hurtado, y de un priismo engreído y anquilosado.
Al lado de Porfirio Muñoz Ledo, quien había sido dirigente nacional de ese partido, de la maestra Ifigenia Martínez y de otros muchos, Cárdenas discrepó de la hegemonía priista, pasando a formar una corriente democrática dentro del mismo, lo que le valió la exclusión, pero marcando muy claramente su rebeldía. No se doblegó y fue el mismo PRI el que lo puso fuera de sus filas, pero no de la competencia política.
Recorrió el país, habló con infinidad de disidentes, conversó con intelectuales, pretendió el poder convertido en el hombre solitario que irrumpiría en la elección de 1988, y supo, sin remilgos, apoyarse en partidos como el Auténtico de la Revolución Mexicana, el Popular Socialista y el Socialista de los Trabajadores, para vertebrar una oposición que resultó fecunda, porque a la postre rompió el autoritarismo desde adentro del poder mismo, cuando muchos esperábamos que eso sucediera a un impulso externo.
En el corazón de la historia su acción política palpitó en 1988 con el despliegue que se advirtió en los eventos de la comarca lagunera, o en el encuentro con los universitarios en la Ciudad de México.
El viejo nacionalismo, legitimador de la llamada “familia revolucionaria”, había naufragado en el preciso momento en que se inauguraba la implantación del modelo neoliberal. El fraude electoral de 1988 cimbró al país en proporciones que obligaban a articular una transición democrática, que se tardó y fue acompasada.
Carlos Salinas usurpó la Presidencia durante un sexenio y la respuesta que dio Cárdenas fue fundar un partido político, precisamente para proponer una revolución democrática, la reivindicación de la política frente a las armas y la violencia, y el privilegiar la vida cívica nacional.
Parecía que de repente la vieja idea maderista de “sufragio efectivo” había reaparecido con la fuerza de 1910, pero sin la convocatoria a una insurrección armada. El haber sido líder de esta gesta, en sí mismo lo enaltece. Eso se ha subrayado en miles de discursos y no está a discusión su mérito legítimo.
El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas tuvo una visión de la historia que encontró en cada hito libertario del país un motivo para articular una propuesta. En uno de sus últimos libros postuló, y tiene plena validez hoy, el convocar a una convención nacional de ciudadanos, hombres y mujeres libres, para pactar las convergencias nacionales en un haz de principios que no deben estar al arbitrio de los que integran gobiernos por el sólo hecho de que se les conceda una representación delimitada en el tiempo.
El PRD, hoy prácticamente muerto, fue más que una sumatoria de dos autoritarismos: el priista y el comunista. En este partido se decantó una propuesta transicional a la democracia, se habló consistentemente de pactar la transición misma, si fuese necesario, y los liderazgos deliberaron con brillantez, reconociendo que en un partido político los militantes son los que tienen el derecho a decidir la línea política, el programa partidario y la elección de sus dirigentes y candidatos. Es cierto que el PRD fracasó en el intento, pero esas ideas siguen vigentes y son las que alentó el líder recientemente fallecido.
Ahora el sistema de partidos en México está abatido, por más que esos cascarones sigan siendo el andamiaje para acceder al poder, muy por debajo de la calidad constitucional que los obliga a ser entes de interés público, por ende, producto de un Estado de derecho.
A esta hora, con el dolor de la pérdida de un gran líder, es el momento de que esas grandes cabezas a las que se refiere Víctor Hugo tomen en sus manos la reflexión para construir alternativas que den respuesta a preguntas de este tipo:
Cuauhtémoc Cárdenas es el líder de la transición democrática, ¿pero acaso esa transición alcanzó la democracia o colapsó, con un retorno a un régimen aún más autoritario que el que se desbancó a partir de 1997, el 2000 y el 2018? ¿Tenemos una República de ciudadanos o de siervos sujetos a un neocorporativismo que oprime y lastima al país?
El debate no es si Cárdenas pudo haber dado un golpe en la mesa para cambiar las cosas, sino de asumir la propia responsabilidad que muchos tenemos para que este país cambie en la dirección de todos esos planes y proclamas nacionales que el ingeniero Cárdenas recogió cuando hizo su propuesta Por una democracia progresista (2021).
El mejor homenaje que le podemos rendir a Cuauhtémoc Cárdenas es continuando la lucha a la que él le dio gran aliento, rompiendo una estéril dominación que se agotó con el viejo partido hegemónico.
Porque en esto hay un flujo permanente y no todo está perdido.
Siento orgullo de haber contado con su amistad y compañerismo, y de haber recorrido juntos calles, pueblos y plazas en mi calidad de candidato a la gubernatura del estado en 1992.
Va un fraterno saludo a sus amigos, compañeros y a sus hijos Lázaro, Cuauhtémoc y Camila.
FUENTE/MEDIO: SINEMBARGO.
AUTOR: JAIME GARCÍA CHÁVEZ.
ENLACE: https://www.sinembargo.mx/4896946/la-vocacion-democratica-de-cuauhtemoc-cardenas/
AUTOR: JAIME GARCÍA CHÁVEZ.
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