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“Parecía que todo era fiesta y diversión, mientras la crisis del agua se agravaba día a día entre los tapatíos”

La grave crisis por mala calidad del agua que padecemos los habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) no se incubó meses atrás, sino que viene de muchos años de mala gestión de este recurso por parte de sucesivos gobiernos de distintos partidos (PRI, PAN y MC). Pero sí se agravó claramente en los meses recientes, en particular al arrancar 2026.

Pero la gravedad de la crisis ya se sabía al menos desde abril de este año, según reconoció el director general de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Efraín Morales López, en declaraciones que dio el pasado miércoles a la emisión nocturna de UdeG Noticias. “Las primeras consultas que tenemos (con el gobierno de Jalisco), si no recuerdo mal, datan de abril y a partir de ahí hemos estado trabajando de una manera permanente en la búsqueda de estas soluciones”, dijo para Canal 44 y Radio Universidad de Guadalajara.

Desde esa fecha era necesario que se tomaran las medidas que apenas se están tomando: clausurar descargas ilegales en las fuentes que abastecen a la ZMG, limpiar y desazolvar canales y presas por donde llega el agua, reparar y renovar las plantas de tratamiento y organizar de manera eficiente tandeos o cortes de agua y diseñar las inversiones para las obras necesarias para resolver de fondo para atender esta crisis, pero el gobierno de Jalisco, especialmente el gobernador Pablo Lemus Navarro, estaban volcados en atender las inversiones, obras de remodelación, eventos de entretenimiento y relaciones públicas alrededor del Mundial de Futbol de la FIFA 2026.  

Fueron meses en que toda la atención del gobierno de Jalisco se volcó hacia inversiones, obras y tareas en actividades de entretenimiento en torno al Mundial de Futbol, bajo la justificación que llegarían millones de turistas (calcularon tres millones de visitantes) que al final no llegaron, pero sí se gastaron recursos de los tapatíos en renovar espacios públicos de la capital de Jalisco como la glorieta Minerva y las plazas de la República, Liberación y Tapatía en la que se invirtieron más de mil millones de pesos que tan necesarios son ahora para realizar las obras para garantizar el abasto y calidad del agua.  

El registro de actividades que puede verse en las redes sociales del gobernador no era si se atendía a las familias buscadoras de sus desaparecidos o los reportes por mala calidad del agua, sino el anuncio de suspensión de clases con motivo de los cuatro partidos que se llevaron en el estadio Akron de las Chivas de Guadalajara, o la recepción al embajador coreano Jooil Lee y su comitiva (18 junio 2026), o fotos con los músicos de Maná, Alejandro Fernández (El Potrillo) o Julión Álvarez quienes encabezaron conciertos gratuitos para los asistentes en La Minerva, pero que costaron al erario más de 30 millones de pesos. 

Y además se puso mucho énfasis en el Fan Fest instalado en pleno centro histórico de Guadalajara o la transmisión de los partidos de la selección mexicana (y de otros encuentros) en espacios públicos y auditorios del gobierno del estado. Claro, todo eso encareció el presupuesto de las actividades de entretenimiento realizadas en torno al Mundial de futbol.  Parecía que todo era fiesta y diversión, mientras la crisis del agua se agravaba día a día entre los tapatíos. Comenzaban los reportes de agua turbia color tamarino o incluso a refresco de cola, con residuos y con malos olores como a caño o agua de drenaje. 

Fueron día de evasión de la responsabilidad gubernamental para atender los principales problemas del estado para centrarse en el Mundial y sus actividades de entretenimiento asociadas. Fueron semanas o meses cruciales que pudieron atenuar la grave crisis por mala calidad del agua que ha terminado estallando ahora en el mes de octubre de 2026. 

Fue apenas que pasó el Mundial cuando en julio se presentó un supuesto plan para atender la crisis del agua en la ciudad, un plan, por cierto criticado por ser redactado en alguna de sus partes por inteligencia artificial. Pero ese plan de julio apenas esbozó un proyecto de inversión cuya apuesta central era la construcción de un segundo acueducto para traer agua del lago de Chapala a Guadalajara mediante un ducto cerrado y no un canal a cielo abierto como es el que ahora surte a la ZMG. Y aunque el gobernador ha insistido en que las obras hidráulicas para Guadalajara no implicarán contratación de más deuda pública o privatización del organismo operador, en los hechos se apostó por un contrato llamado Construcción, Mantenimiento, Rehabilitación y Operación (CMRO) que en los hechos hubiera implicado tanto endeudamiento como privatización de facto. 

El gobernador intentaba cabildear con los diputados de oposición (Morena, PVEM, PT, Hagamos y Futuro) su propuesta cuando entrando en octubre, la crisis de mala calidad del agua estalló hasta puntos insostenibles.

El primer fin de semana de ese mes, miles de hogares tapatíos recibimos agua puerca con olor a mierda (me incluyo) que hicieron estallar las quejas y reclamos al gobierno del estado. Esto obligó al gobernador Pablo Lemus, a admitir públicamente el 6 de octubre que Jalisco y en particular la ZMG atraviesa una crisis de agua "como nunca antes", y entonces anunció que se tomó la decisión de suspender el suministro proveniente de la presa Las Pintas durante un periodo de al menos seis meses por los altos niveles de contaminación derivados de las decenas de cargas ilegales de residuos a ese sistema.

En esa fecha se anunció también un sistema de rotación del servicio del agua para 637 colonias de la zona metropolitana que corresponden prácticamente a la mitad de los cinco millones de habitantes de la capital de Jalisco. Según el anuncio del gobierno, la mitad de las colonias de Guadalajara se quedarían sin agua dos o tres días alternados, pero la irritación ha aumentado porque dicho plan de tandeos se ha incumplido y hay vecinos de colonias que reportan hasta dos o tres días sin una gota de agua en sus hogares. 

Lo cierto es que el gobierno de Pablo Lemus ha enfrentado esta crisis de manera errática o francamente mal hasta el punto de enfrentarla con represión y tortura como ocurrió con la manifestación frente a Casa Jalisco (la residencia oficial del Ejecutivo estatal) que se saldó con 39 detenidos a los que posteriormente se liberó, seis de ellos con cargos penales y el resto con reservas de la ley. 

La persistencia de los tandeos o cortes de agua ha llevado a cada día del mes de octubre se realice una protesta por parte de vecinos que por lo regular salen a cortar alguna de las principales avenidas de la zona metropolitana. Es un derecho legítimo y justificado salir a exigir que llegue agua de buena calidad a cada hogar. Sin embargo, es obvio que los cortes de avenidas han significado afectaciones para usuarios del transporte público (las líneas del tren ligero se han suspendido varias veces en octubre) o de automovilistas. 

Podría afirmarse que junto a la crisis por la mala calidad del agua se está incubando una profunda crisis social que parte del hartazgo por el agua puerca que estamos recibiendo miles de hogares en Guadalajara. Una muestra de ello es que el pasado martes 27 de octubre cuando vecinos de colonias como Las Juntas, Las Juntitas, La Duraznera y El Tapatío en San Pedro Tlaquepaque bloquearon la carretera a Chapala para exigir el restablecimiento del servicio de agua potable, pues tenían entre quince días y un mes sin agua. La carretera a Chapala une varias avenidas importantes de la ZMG con la salida al lago y a la vez conduce a el aeropuerto internacional de Guadalajara. El bloqueo duró doce horas y el atasco de autos se extendió hasta cuatro kilómetros dejando varados y miles de automovilistas y ocasionó que varios usuarios perdieran vuelos aéreos. El problema es que en esas doce horas no llegaron autoridades del estado a negociar con los manifestantes y ofrecerles atender sus demandas. Esto implica que a la crisis por el agua y la inconformidad social estamos ahora ante una crisis de ingobernabilidad. El problema se le está saliendo de las manos al gobierno de Pablo Lemus. 

Otra muestra de estas decisiones y acciones erráticas es que al llevar a cabo las tareas de saneamiento (desazolve) del canal y la presa de Las Pintas (por donde circula 20 por ciento del agua que recibimos los tapatíos) los residuos se condujeron en camiones a cielo abierto y los lodos se depositaron en colonias de los municipios conurbados de El Salto y Tlaquepaque que históricamente han sido los más afectados ambientalmente por el desarrollo de la urbe. Es decir, para supuestamente llevar agua limpia a los tapatíos del centro de la ciudad, se sigue contaminando a las periferias que desde hace décadas han denunciado la contaminación del río Santiago, del lago de Chapala y la devastación y externalidades ambientales que produce el corredor industrial de El Salto a Guadalajara. Los habitantes de estas periferias han reclamado que se les considera como una “zona de sacrificio” para el desarrollo de la metrópoli y no están dispuestos a seguir tolerando ser los desechables de este modelo de desarrollo.

Cambiar esta situación no será sencilla y no es sólo con las obras hidráulicas que anunciaron la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Pablo Lemus por 25 mil millones de pesos que se resolverá esta grave crisis del agua, social y ahora de gobernabilidad que vivimos en la zona metropolitana de Guadalajara. La crisis se agrava pero eso sí, la fiesta del Mundial, quién nos la quita.

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