Los papás y las mamás de los 43 normalistas de Ayotzinapa lamentan que a doce años de los hechos ocurridos el 26 de septiembre del 2014 siga sin haber información sobre el paradero de sus hijos. Han pasado más de 4,380 días con sus mañanas, con sus medios días, con sus tardes, con sus noches interminables, con la esperanza naciendo y muriendo en cada madrugada. En este tiempo les ha tocado lidiar con los gobiernos de Enrique Peña Nieto, de Andrés Manuel López Obrador y ahora de Claudia Sheinbaum. Y la pregunta que se hicieron desde el primer momento permanece sin respuesta: ¿Dónde están nuestros hijos?
“Hombro con hombro. Codo con codo: Ayotzi somos todos”. No es consigna: es el sentir de los miles de manifestantes que los acompañan, de los cientos que forman vallas a lo largo de todo Paseo de la Reforma, de Avenida Juárez y de 5 de mayo, y, respetuosamente, los miran pasar.
El poeta David Roura, del Comité 68, hace una estimación: Más de 8,000 personas marcharon este 26 de septiembre del 2026. Y va más allá: “Si llegaron 42 camiones de pasajeros y en cada uno viajan 45 estudiantes normalistas de Guerrero y Michoacán, tenemos nada más de esos camiones a 1,900 personas”. Más los que llegaron a pie, en Metro, en bicitaxi y los que se estacionaron por ahí…
Las mamás y los papás caminan en la descubierta, encarnan la dignidad. Su dolor pesa más que sus enfermedades crónicas. Sostienen los carteles con las fotos de sus hijos y a ellos los sostienen sus familiares, sus otros hijos, algunos de sus nietos que vienen con ellos. Pero no están todos: ocho padres han muerto a lo largo de estos doce años sin saber la verdad de lo ocurrido. Hace un mes falleció en Tixtla, Guerrero, el papá de Everardo, el que se parecía a Kalimba, Don Francisco Rodríguez Morales.
“Fue el Estado”. La creencia está bien cimentada en el ánimo colectivo. No sólo fueron palabras escritas con veladoras encendidas en el Zócalo hace muchos años o pintadas en un vagón de Metro haciendo su interminable recorrido, de ida y vuelta, en el que leímos “Fue el Estado”. Esa noche del 26 al 27 de septiembre, la autoridad, la que tiene por obligación proteger a la ciudadanía, atacó a los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos con armas de fuego. Luego vino la desaparición forzada y las frases lamentables. “La verdad histórica”. El imperdonable “Ya supérenlo”.
Doce años de impunidad. De entorpecer la investigación, de impedir el acceso a la información en poder del ejército, de nomás abrir líneas de investigación para aparentar que se hace algo. De desprestigiar al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) cuyo trabajo debería de contar con las facilidades y apoyo estatal pues es el que ha dado los mejores resultados. Su regreso es una de las peticiones de los padres y madres de los +43.
Una cartulina pintada a mano lo resume: “El gobierno encubre a los culpables.”
“Ayotzi vive, la lucha sigue, sigue, sigue”. A ritmo de batucada se oye un “Qué feo debe ser reprimir al pueblo para poder comer”. Con una manta se pide que el presupuesto sea para la educación y no para la Guardia Nacional. En otra se lee: “Educación no es adoctrinamiento”.
El clamor se eleva: “No, no, no. No es un hecho aislado. Las desapariciones son un crimen de Estado”. Se intercala con el muy conmovedor: “¿Por qué los buscamos? Porque los amamos”. La marcha pasa junto a la Glorieta de las y los Desaparecidos. Hace apenas un mes se limpiaron las vallas y se hizo una pega masiva de fichas de búsqueda. Ana Lucía Lagunes, cuyo hermano Ricardo Arturo Lagunes Gasca, está desaparecido desde el 13 de enero del 2023 le comentó en entrevista al fotorreportero de Desinformémonos, Mario Meneses Candelaria, que si pegaran las fichas de búsqueda de todas y todos los desaparecidos, “Esto se desbordaría y llenaría todas las calles”.
Según las cifras oficiales hay más de 135 mil personas desaparecidas en el país. Las caras de cientos de ellos miran pasar la Marcha. En las fichas de búsqueda hay rostros sonrientes, adustos, serios, pícaros, seductores. Hombres y mujeres que son buscados por sus familiares, pero que para las autoridades son una cifra nada más, una cifra que han intentado reducir, desaparecer incluso el registro de su desaparición.
“No estamos todos, nos faltan 43”. Y brota un recuerdo: A mediados de octubre del 2014 Cristina Pacheco entrevistó al grupo musical Los Folkloristas y cerró su programa de Canal Once con esta frase: “Esta noche estuvimos todos, pero siguen faltando 43 mexicanos”. La alusión era, es, evidente.
“No somos uno. No somos cien. Pinche gobierno, nos faltan 43”. Se avanza hacia el Antimonumento a los 43 donde se hizo el acostumbrado pase de lista pidiendo la aparición con vida de cada uno de los muchachos. Los granaderos se apersonaron. Se dice que ya no existen, pero su sola presencia causó tensión y hubo enfrentamientos con el llamado Bloque Negro.
La entrada al Zócalo por la Avenida 5 de mayo fue de lo más emotiva. Imposible no recordar cuando los jóvenes del 68 tomaron el Zócalo por primera vez, jubilosos y asombrados por su hazaña, gritaron: “Sal al balcón, hocicón” que tanto hizo enojar al aludido, a Gustavo Díaz Ordaz. Imposible no recordar cuando en febrero de 1995 tres veces se llenó el Zócalo al grito de “Marcos somos todos” y “Chiapas, Chiapas no es cuartel, fuera ejército de él” o en 1997 cuando una delegación integrada por 1,111 zapatistas, la primera gran marcha indígena hacia la capital, exigió el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés firmados entre zapatistas y el gobierno de Zedillo o cuando en marzo del 2001 entró la Caravana de la Dignidad Indígena también llamada de la Marcha de la Tierra con los 24 comandantes zapatistas y el Subcomandante Insurgente Marcos pidieron que se reconocieran constitucionalmente los derechos de los pueblos indios. Ese mismo Zócalo se ha teñido de morado cada 8 de marzo demandado se haga justicia en los casos de violencia de género y feminicidios.
Y desde el templete levantado en la plaza mayor resuenan las preguntas: ¿Qué fue lo que realmente pasó la noche del 26 de septiembre? ¿Quiénes agredieron a los 43? ¿Quiénes se los llevaron, por qué se los llevaron? ¿A dónde están? Se exige respuesta. ¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!
Magdalena, una de las mamás, se dirige a la presidenta y le aclara que las líneas de investigación fueron asentadas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, el GIEI. Sólo pide que se sigan éstas porque ellos ya están desgastados por las búsquedas infructuosas. Le pide que ella haga que el ejército entregue los más de 800 folios donde -esperan- están las respuestas.
Y estas peticiones se reiteran, una y otra vez, suplicando y a veces llorando, lo han exigido: que regrese el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes pues han sido contundentes en sus líneas de investigación al punto que los gobiernos no han tenido argumentos serios para desacreditarlas. Tenían esperanza en la presidenta pues ella venía de un movimiento estudiantil, es mujer, es madre y que entendería el dolor de estos padres y madres. Pero se han topado con autoritarismo e insensibilidad.
Antes se decía que un tema tabú era el Ejército. Ahora queda claro que no se le puede tocar. La Comisión Nacional de Derechos Humanos lo ha exonerado. Pero a doce años de la desaparición forzada de su hijo, Don Mario César pide que le demuestren que el ejército no tuvo nada que ver. “Nosotros sí podemos decir que había un miembro del Ejército Mexicano adentro del camión de nuestros hijos y que iba informando en tiempo y forma de lo que estaban haciendo nuestros hijos. También podemos decir que estaban los de Inteligencia en el Palacio de Justicia y en la calle Juan N. Álvarez. Tenemos fundamentos y pruebas de que el ejército mexicano fue a barandillas a preguntar. Tenemos pruebas, no estamos con dichos.
“Pido a los colectivos, a los ciudadanos, a los universitarios, a los intelectuales, a todo el pueblo de México que nos ayude a exigir el regreso de los expertos y que se abran esos más de 800 folios. Sin ustedes no podemos hacer nada. No hay justicia en México. El gobierno juega con el dolor de los padres, nos golpetean con la intención de dividirnos.”
Un grito lo interrumpe: “Fue el Estado” y el grito se vuelve eco: Fue el Estado. Fue el Estado.
26 de septiembre no se olvida, es de lucha combativa.
AUTOR: BEATRIZ ZALCE.
ENLACE: https://desinformemonos.org/a-doce-anos-ayotzinapa-no-se-olvida/



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