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Como se manejan las cosas en Morena, no queda más que reconocer que Guadalupe Taddei se ganó a pulso ser presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación o, en el peor de los casos, honrarnos con ser embajadora en Albania

Al parecer, quienes pertenecen a Morena tienen un compromiso doble: primero, con la organización, a la que, pudieran hacer voto secreto y solemne fidelidad; y, en segundo lugar, con sus socios; a éstos los une un compromiso de solidaridad. Ignoro si para entrar a ella exista el requisito, tácito o expreso, de hacer voto de secrecía y obediencia. Supongo que sí es necesario en los altos niveles: los que están a salvo de persecuciones y acusaciones.

Pudieran estar exentos del voto de secrecía y solidaridad con la organización los filisteos incircuncisos: es decir: los de abajo, los que sólo sirven para hacer montón y obedecer: la carne de cañón. Éstos, seguramente, hacen voto de fidelidad ante su inmediato superior.

En el caso de Guadalupe Taddei todo apunta que el compromiso de solidaridad que une a los miembros de su organización funcionó hasta cierto grado. Su situación, con base en filtraciones, videos y periodicazos, se hizo insostenible. Por el bien de Morena tuvo que renunciar.

Ella se sentía segura y apoyada, tanto por lo que sabe de Morena y de sus miembros, como por los servicios que prestó a la causa: principalmente por haberles regalado la sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión, de la que derivó, entre otras, el crecido número de reformas a la Constitución, por virtud de las cuales los morenos consolidaron su hegemonía política y económica.

Para que estuviera en posibilidad de hacer todo, absolutamente todo; para que en ámbito electoral se consolidara Morena en el poder, la señora Taddei fue dotada de atribuciones legales y extralegales; ello se hizo en violación de la naturaleza de la institución y de la imparcialidad, que era de esperarse de una servidora publica de su naturaleza.
Guadalupe Taddei no se puede quejar de haber sido abandonada por los morenos después de tan caros e importantes servicios que les prestó: la sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión que les consiguió fue determinante para que Morena y sus socios también hicieran y deshicieran en lo relativo a ministros, cargos públicos y nombramientos. La destrucción del Poder Judicial de la Federación, por ejemplo, no se hubiera logrado sin esa intervención decidida de parte de ella.
Frecuentemente se compara la corrupción con la humedad o el salitre; el símil es válido: penetra lentamente y no se detecta sino hasta que el daño es irreversible. Maquiavelo compara los problemas políticos con la tisis: afirma que al principio de la enfermedad muy pocos pueden diagnosticarla, pero muchos pueden curarla. Pero cuando el mal ha avanzado y los daños son manifiestos, dice ese autor, que muchos pueden diagnosticarla, pero muy pocos curarla (De principatibus, III, 32).

La corrupción de los funcionarios públicos es de naturaleza diferente; ésta, como un problema humano, es evidente desde un principio. Decían los viejos: amor, dinero y cuidado no puede ser disimulado. Ello es absolutamente cierto: si alguien está enamorado, tiene dinero o está preocupado ello es notorio. De la misma manera, la corrupción no se puede ocultar, está a la vista de quienes tienen ojos para ver. La ostentación es un defecto que caracteriza a los nuevos ricos o de aquellos que, de la noche a la mañana, se hacen de una fortuna.

En el caso de la familia Taddei su mayor pecado fue haber sumado a la corrupción, el de la ostentación.

Los morenos, visto los servicios que ella estaba recibiendo, pasaron por alto los abusos de poder, las señales de enriquecimiento y los signos de ostentación con que tanto ella como su familia y socios se conducían. La sostuvieron en el cargo, no tanto por lo que sabía de ellos, sino, principalmente, por lo que operaba en el ámbito electoral. Por ello la dejaron hacer y deshacer. Con tal de que diera resultados, se le permitió dar al instituto, la estructura que ella exigió y dejó que ella, libremente, hiciera los nombramientos de personas de su absoluta confianza. No defraudó a sus patrocinadores.

Dadas las altas recomendaciones de AMLO y Alfonso Durazo Montaño, nadie esperaba que incurriera en dos vicios: uno, que se excediera en el uso de la autoridad que se le había confiado; y el otro, que fuera ostentosa en el abuso de su poder y del manejo de los recursos del INE que se le confiaron. Al parecer confundió los intereses públicos con los propios; antepuso el amor maternal o de pareja al cumplimiento de la ley.

Dada la proximidad de las elecciones: las de 2027, para los morenos la salida de la señora Taddei es una auténtica tragedia. Nadie permitirá el nombramiento de una presidente del INE a modo. La Constitución no permite que se modifiquen las leyes electorales 90 días antes del proceso electoral (artículo 105, frac. inc. i, párrafo tercero).

Como se manejan las cosas en Morena, no queda más que reconocer que Guadalupe Taddei se ganó a pulso ser presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación o, en el peor de los casos, honrarnos con ser embajadora en Albania. Los morenos no pueden mostrarse ingratos con ella ni abandonarla a su suerte ahora que muchos la rechazan.

Conociendo a muchos morenos, era de suponerse que continuaría la corrupción generalizada en el sector público: federal, local y municipal; lo que no esperábamos, y tampoco deseábamos, era que bajo los gobiernos de la 4T siguiera habiendo impunidad e, incluso, encubrimiento.

Un ejemplo: Sheinbaum, el 28 de octubre, censuró la actuación de Guadalupe Taddei; ello no implica que se vaya a proceder penalmente en su contra. A lo que más pudiéramos aspirar es a que se proceda penalmente contra servidores públicos segundones.

Contra toda lógica, cuando menos en México, las escaleras se seguirán barriendo de abajo para arriba. Absurdo, pero esa es la realidad.

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