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CFE premia a empresa observada: le otorga contrato millonario pese a fallas previas

La observación de 2021 no impidió que la compañía volviera a participar y ganar procedimientos de CFE

La Comisión Federal de Electricidad (CFE) adjudicó un contrato por un monto de 570 millones 571 mil pesos, sin IVA, a Equipos Hidromecánicos MC, empresa que previamente había sido observada por trabajos realizados en equipos de la propia compañía eléctrica.  

El fallo fue emitido el 21 de marzo de 2023, fue parte del concurso abierto internacional CFE-0001-CAAAT-0005-2023, para la adquisición de vehículos chasis con equipo hidráulico y grúas, destinados a CFE Distribución.

Equipos Hidromecánicos MC obtuvo la partida única con un importe total de 570 millones 571 mil 83.70 pesos. En el procedimiento participaron Constructora DHAP, Cargotecnia Equipos y Equipos Hidromecánicos MC; una cuarta compañía, Arrendo Serv, presentó carta disculpa. Cargotecnia fue descartada durante la evaluación técnica, mientras que las propuestas de Constructora DHAP y Equipos Hidromecánicos MC fueron consideradas solventes.

De hecho, Equipos Hidromecánicos ofreció un descuento de 29 por ciento sobre el precio base establecido por CFE, frente a 1.10 por ciento de Constructora DHAP. Su precio unitario quedó en 3 millones 84 mil 168 pesos, por lo que resultó la oferta solvente más baja y recibió la adjudicación.  

Dos años antes, sin embargo, la Auditoría Interna de CFE Distribución había documentado deficiencias en servicios prestados por la misma compañía. En la auditoría DIS-002/2021, firmada el 30 de julio de 2021, el órgano fiscalizador interno abrió una observación denominada “Servicios de acondicionamiento a equipos hidráulicos presumiblemente deficientes”, con un monto observado y por aclarar de 4 millones 150 mil 500 pesos.  

La revisión correspondió al contrato 800938166, celebrado el 14 de agosto de 2020 entre Equipos Hidromecánicos MC y la Gerencia Divisional de Distribución Norte para trabajos de desmontaje y montaje, “remonte”, de 52 equipos hidráulicos.  

El acuerdo ascendió a 7 millones 813 mil pesos más IVA. Tras los trabajos, personal del Laboratorio de Pruebas de Equipos y Materiales (LAPEM) realizó pruebas a las unidades. La auditoría reportó que siete equipos fueron clasificados en categoría 1, “no operan”, debido a defectos críticos que podían provocar “una caída libre y/o libre rotación”, mientras que otro fue colocado en categoría 2, correspondiente a uso limitado o a no operar en línea viva.   

Por esos ocho equipos, CFE había pagado 1 millón 275 mil pesos más IVA.  

La misma revisión detectó otras 21 unidades, cuyos trabajos representaron 2 millones 875 mil 500 pesos, en las que los mantenimientos correctivos realizados y pagados diferían de los conceptos establecidos en las recomendaciones formuladas por LAPEM.  

Además, la auditoría señaló también omisiones de los administradores encargados del contrato respecto de esas recomendaciones.  

La observación de 2021 no impidió que la compañía volviera a participar y ganar procedimientos de CFE. La propia Auditoría Interna identificó posteriormente la adquisición de grúas de 2023, ya bajo el contrato 9100026005, con Equipos Hidromecánicos MC como proveedor adjudicado. Por separado, una revisión de registros de contratación obtenidos de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT) localizó 58 operaciones de Equipos Hidromecánicos MC con organismos públicos por un monto acumulado de 325 millones 823 mil 867 pesos.  

Esa cifra no incluye la adjudicación por 570.5 millones de pesos otorgada por CFE en 2023, por lo que no representa el total histórico contratado por la compañía. Equipos Hidromecánicos MC señala en su información corporativa que fue fundada en 1991 y que comenzó como una empresa especializada en mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo de equipos hidráulicos montados sobre camión, “principalmente CFE”. 

Documentos del Registro Público de Comercio muestran que Equipos Hidromecánicos MC ha estado controlada históricamente por Moisés Castro Salinas, quien llegó a concentrar alrededor del 99 por ciento de sus acciones y continúa apareciendo como representante de la compañía en inscripciones registrales de 2025.

FUENTE/MEDIO: PROCESO.
AUTOR: ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA.
ENLACE: 
https://www.proceso.com.mx/nacional/2026/10/1/cfe-premia-a-empresa-observada-le-otorga-contrato-millonario-pese-a-fallas-previas-381021.html

Guerra Sucia: El AGN se declara imposibilitado para cumplir sentencia que ordena desclasificar archivos militares

El Archivo General de la Nación dice no tener atribuciones ni recursos para crear la comisión ordenada por un tribunal federal. Las víctimas advierten que sin esos archivos militares será imposible conocer a los responsables de la desaparición forzada

Cinco semanas después de que un tribunal federal dictó una sentencia clave para liberar los documentos relacionados con el periodo conocido como la Guerra Sucia –información que el Ejército se ha negado a entregar– el caso presenta un nuevo obstáculo: el Archivo General de la Nación (AGN), al que se le ordenó crear una comisión especial para recuperar los archivos pendientes, se declara imposibilitado para acatar la orden judicial. Con ello, casi 50 años después de esos hechos, se aleja una vez más la posibilidad de esclarecerlos.

La resolución, emitida y aprobada por dos votos contra uno por los magistrados del Décimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito, ordena la creación de una Comisión de Transferencia de Archivos dedicada exclusivamente a recuperar los expedientes que el Ejército ha mantenido ocultos sobre el periodo de represión política de 1965 a 1990.

Entre las víctimas de esas operaciones secretas se encuentra Alicia de los Ríos Merino (madre de la activista Alicia de los Ríos, quien promovió el amparo que desembocó en la sentencia). De los Ríos Merino fue vista por última vez en la Base Aérea Militar número 7, en Pie de la Cuesta, Guerrero, zona donde, de acuerdo con testimonios e informes oficiales, despegaron algunos de esos vuelos.

La sentencia judicial establece que dicha comisión “deberá integrarse por personas servidoras públicas del Archivo General de la Nación y cuando menos cinco personas expertas en el tema, designados por la Secretaría de Gobernación, con el objetivo de detectar e investigar sin sesgos” la información a la que instancias previas no lograron acceder.


Sin embargo, en el Archivo General de la Nación aseguran que para ellos es imposible acatar la sentencia. “El problema jurídico y operativo radica en que el Archivo General de la Nación no tiene como objeto institucional, ni en alguna de sus atribuciones, el implementar esas técnicas y métodos de investigación y procuración de justicia altamente especializadas, porque sólo está destinado a ser el ente público que custodia, conserva y difunde los documentos que reciba a través de transferencias", dice Marco Palafox Schmid, director de Asuntos Jurídicos del AGN, en una comunicación escrita para Proceso.

Al emitir la resolución el 6 de agosto último, el Tribunal también estableció un plazo máximo de 90 días naturales –contados a partir de la notificación– para cumplir con la creación de la comisión; aunque hasta el 9 de septiembre, fecha en que el AGN envió a Proceso su posición, la dependencia federal no había sido siquiera notificada de la sentencia, y todo lo que conoce del caso ha sido por notas periodísticas.

Ante la problemática alrededor de la ejecutoria judicial, el AGN está considerando apersonarse jurídicamente ante el Tribunal para que "fije mejor los efectos de la sentencia".

Palafox Schmid explica que el AGN tampoco puede asumir el liderazgo de la comisión, pues “no es una instancia política ni de coordinación, es un archivo”. Y “tampoco tiene el talento humano ni recursos materiales para desempeñar dichas actividades”, asegura.

En su lugar, considera que la Secretaría  de Gobernación debería recibir dicha responsabilidad "en tanto que sí tiene atribuciones para presidir, liderar, mediar y gestionar entre las instancias privadas y entes públicos de los diversos órdenes de gobierno".

Las negociaciones con el Ejército

Pese a los intentos por liberar la totalidad de los archivos y expedientes relacionados con la Guerra Sucia (tarea en la que han participado activistas, organizaciones civiles y hasta comisiones creadas a partir de mandatos gubernamentales) hasta este 2026 aún hay múltiples documentos que el Ejército mantiene bajo resguardo sobre aquel periodo. Eso, pese a que un mandato presidencial emitido en 2019 ya ordenaba a todas las dependencias federales transferir al AGN los archivos relacionados con violaciones graves a derechos humanos y persecuciones políticas.

Los documentos faltantes de entregar, detalla David Fernández Dávalos, exintegrante del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico, encargado de revisar esos mismos archivos militares entre 2022 y 2023, contendrían información clave sobre los responsables de la desaparición forzada de integrantes de guerrillas e insurgencias armadas. La represión de la época, señala, también alcanzó a estudiantes que se manifestaron en el 68 y el 71, así como a grupos indígenas o de pueblos originarios, sindicatos, opositores a grandes obras de infraestructura, disidencias sexogenéricas e incluso a los llamados "chavos banda".

El Mecanismo de Esclarecimiento Histórico, del que formó parte Fernández Dávalos, intentó negociar directamente con el Ejército el acceso a esos archivos militares entre 2022 y 2023. Fernández cuenta a Proceso que los militares fueron accesibles al inicio de las conversaciones; pero al solicitar el catálogo completo del archivo (pues se percataron de que no estaba todo), comenzaron las dilaciones: carpetas que antes tenían 100 fojas eran entregadas con apenas 20, los investigadores esperaban hasta cinco horas para poder consultar documentos y, en más de una ocasión, se toparon con que los militares se excusaban en que entregar esos archivos ponía en riesgo la seguridad nacional. "Empezaron a decir: 'esas carpetas no existen', cuando ya las habían visto los compañeros (...) Arriba eran dilaciones, subterfugios, pretextos. La confrontación se daba más bien en los niveles inferiores, directamente con el encargado del archivo y con las investigadoras”, recuerda Fernández Dávalos.

Las negociaciones se interrumpieron por completo y el equipo de investigadores fue retirado por el desgaste que la confrontación les generaba. "El desgaste afectivo, anímico, era muy importante para ellos, ya no podían sostener esto. Cuando tus elementos no pueden continuar adelante con ese desgaste, pues ni modo", detalla el experto sobre el momento del quiebre.

La situación llevó a que el 22 de enero de 2024 los comisionados del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico enviaran un escrito a Félix Arturo Medina Padilla, entonces subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, donde le dieron cuenta de la falta de colaboración y la negativa de acceso a los acervos militares.

"Nos permitimos reunir aquí la lista puntual de archivos que no fueron abiertos, y de aquellos a los que, si bien pudimos ingresar, obstruyeron el acceso de nuestras personas investigadoras al material solicitado. Anexamos documentación que revela nuestra insistencia, ante diversas instancias, a fin de acceder a materiales que hemos considerado vitales para el esclarecimiento histórico", dice la carta enviada a Gobernación.

“Hay sobrevivientes”

Mientras el Mecanismo de Esclarecimiento Histórico se topaba con la resistencia militar, Alicia de los Ríos llevaba años en un litigio similar para pedirle al Ejército información sobre la desaparición de su madre. Ambos caminos terminaron por cruzarse en una misma conclusión: los expedientes clave continuaban bajo los acervos castrenses.

Para la activista, en esos archivos estaría la información faltante para encontrar a los responsables de la desaparición de su madre:

"Es conocer las cadenas de mando. Eso se ha negado reiteradamente. Saber quién es el responsable de lo que ocurre, a los coordinadores militares de la Brigada Especial, por ejemplo. Es destrabar un paso más. Sé que va a ser un proceso difícil, donde vamos a estar nosotros insistiendo en que el Archivo General de la Nación dirija esto con un grupo de especialistas en derechos humanos y en el área militar. Pero creo que no va a ser imposible", dice a este medio Alicia de los Ríos.

Su madre, Alicia de los Ríos Merino, militaba en la Liga Comunista 23 de Septiembre cuando fue detenida en enero de 1978 por la Brigada Especial, un grupo conjunto de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y el Ejército dedicado a la persecución de la guerrilla urbana. Fue trasladada al Campo Militar No. 1 y después a instalaciones militares en Acapulco, Guerrero (de acuerdo con testimonios recabados por comisiones de investigación oficiales), donde se le perdió el rastro. Nunca se le volvió a ver con vida y se presume que fue parte de las víctimas de los llamados "vuelos de la muerte", aunque para Alicia, desclasificar los documentos implicaría mucho más que sólo eso.
“Hay sobrevivientes vivos que estuvieron en la zona (militar) 9, en Culiacán, y tampoco están esos archivos disponibles. Se ha colado uno que otro porque se traspapeló, y por eso conocemos de la gente que estuvo en el 27 (Batallón), en Atoyac de Álvarez, Guerrero. Es más grande que exclusivamente los vuelos de la muerte. Tiene que ver con toda la participación de los militares con la gente que detuvieron en los estados y que mandaron al campo (militar). Hay gente que no sale del campo; entonces uno se pregunta: ¿en dónde quedó esa gente? ¿Y a los que mandaron a Pie de la Cuesta?”, cuestiona Alicia de los Ríos.
 "Aquí no hay de que es por omisión, aquí es por acción. Estamos haciendo las inspecciones, que esperamos se conviertan pronto en excavación, y ahí se develarán las estructuras que usaron, que es lo que nos falta: la identidad de las personas que perpetraron (estos hechos)", sostiene Alicia de los Ríos.

Un Ejército desobediente

Este patrón de resistencia institucional no es nuevo. La Comisión de la Verdad solicitó, vía transparencia, la investigación que el propio Ejército había realizado contra los generales Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro, dos generales del Ejército señalados como los principales operadores de los "vuelos de la muerte" desde la base de Pie de la Cuesta entre 1975 y 1981.

A la comisión, cuenta Fernández Dávalos, el Ejército le entregó solo 30% del expediente, con la promesa de completar el resto en ocho días. Cuando el equipo regresó, se lo negaron: adujeron que había una investigación abierta y exigieron la devolución de lo ya entregado.

La Comisión apeló ante el hoy extinto Instituto Nacional de Transparencia (INAI), que falló en su favor. El Ejército desacató la resolución. "Nos decían que la institución que más desacata los mandatos del INAI es el Ejército", recuerda Fernández Dávalos sobre una reunión con los propios comisionados del organismo, hoy desaparecido. Alicia de los Ríos, mientras tanto, había conseguido acceso a ese mismo expediente por la vía judicial –a diferencia de la Comisión, a la que se le siguió negando por la vía administrativa.

A esas barreras de opacidad, que por fin parecían superarse con la resolución judicial reciente, podría sumarse una más, pues la respuesta del AGN es clara al exponer que no puede integrar, y mucho menos encabezar, una nueva Comisión de Transferencia de Archivos. Y a la fecha, no hay actualizaciones judiciales que puedan vislumbrar una nueva ruta para que los expedientes militares se conviertan en públicos.

FUENTE/MEDIO: PROCESO.
AUTOR: ALDO CANEDO.
ENLACE: 
https://www.proceso.com.mx/nacional/2026/10/1/guerra-sucia-el-agn-se-declara-imposibilitado-para-cumplir-sentencia-que-ordena-desclasificar-archiv-380962.html

El Ejército reconoce que la Guerra Sucia fue “completamente ilegal”

La Brigada Blanca carecía de “sustento legal” y sus tácticas estaban “completamente fuera de la ley”; el Campo Militar #1 se usó para “detenciones e interrogatorios” ilícitos.

Entre las miles y miles de hojas ordenadas en 32 carpetas y 16 anexos que integran la investigación militar sobre los “vuelos de la muerte” se encuentran 118 páginas con el reconocimiento inédito y explícito del Estado mexicano de que en el periodo de violencia de Estado de los años 70 y 80, conocido también como Guerra Sucia, cometió múltiples delitos y graves violaciones a los derechos humanos.

El pliego de consignación presentado por la Fiscalía Militar para acusar a los generales Francisco Quirós Hermosillo y Arturo Acosta Chaparro señala de manera explícita que la Brigada Blanca, grupo paramilitar integrado en esencia por elementos del Ejército a cargo de exterminar a organizaciones guerrilleras y disidentes políticos, llevaron a cabo “detenciones, interrogatorios, cateos y reclusiones ilegales”, utilizando instalaciones diversas castrenses, como el Campo Militar #1 y la Base Aérea Militar de Pie de la Cuesta, Guerrero, en donde instalaron centros clandestinos de detención.

Las “tácticas completamente ilegales” incluían las ejecuciones a sangre fría de cientos de mujeres y hombres que eran llevados a la Base Aérea Militar #7, desde donde eran “encostalados” y subidos a un avión de la Fuerza Aérea para posteriormente ser arrojados a las profundidades del mar.


A pesar de este reconocimiento, al momento de establecer quiénes fueron los responsables, el Ministerio Público Militar acomoda toda la información para que la conclusión se centre sólo en tres mandos directos de la Brigada Blanca: los generales Francisco Quirós Hermosillo y Mario Acosta Chaparro, así como el mayor Francisco Javier Barquín Alonso.

Según la acusación final, no existían cadenas de mando ni jerarquías. Ningún otro militar estuvo involucrado ni fue corresponsable.

Al acusar sólo a tres militares se creó el blindaje necesario para exonerar al titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, a otros integrantes de la cúpula militar y al Ejército mexicano como institución, a pesar de que la propia investigación dio cuenta de documentos y testimonios que comprobaban que la cacería de los grupos guerrilleros se realizaba por órdenes superiores.

Y así como no se inculparon a más responsables tampoco existen listas ni cuerpos de los asesinados, por lo que el alegato final de la Fiscalía constituye un cierre y el fin de la historia:

“Se determina el ejercicio de la acción penal contra los tres elementos militares por su probable responsabilidad en el delito de homicidio calificado, cometido en agravio de un número indeterminado de personas, cuyos cuerpos fue imposible identificar por haber sido arrojados al Océano Pacífico para borrar todo indicio delictivo”.

La del 15 de septiembre de 2002 no fue una noche de festejo patrio para el abogado y mayor Andrés Cortés Ríos. Tampoco de preparativos para el desfile militar con el que sus compañeros de armas celebrarían un aniversario más del inicio de la Independencia de México.

A él le correspondía afinar y revisar las conclusiones que presentaría pocas horas después, el 16 de septiembre, al juzgado militar en el que se procesaba a los generales Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro, y al mayor Alonso Barquín.

Ese día se cerraba una larga etapa de dos años y dos meses en la que él, en su calidad de ministerio público militar, había leído miles de documentos, escuchado testimonios, ordenado diligencias y recabado evidencias suficientes para consignar a esos tres altos mandos del Ejército por su presunta responsabilidad en la desaparición forzada de cientos de personas que fueron asesinadas y arrojadas al mar en los llamados “vuelos de la muerte”.

Para el también abogado y mayor de justicia militar había llegado la hora de procesar una de las historias más incómodas y deshonrosas para el Ejército: la llamada Guerra Sucia y los “vuelos de la muerte”, la operación de Estado mediante la cual se ordenó detener ilegalmente, torturar y asesinar a cientos de mujeres y hombres que disentían del régimen y después arrojar sus cuerpos al océano Pacífico para desaparecerlos por completo.


Los detalles los tenía en su escritorio: documentos, dictámenes, declaraciones de pilotos, mecánicos, albañiles, testimonios que contaban con escalofriantes pormenores el modus operandi mediante el cual elementos del Ejército habían llevado a cientos de personas a la base aérea de Pie de la Cuesta, Acapulco, donde las habían asesinado con un balazo en la nuca y habían subido sus cuerpos al avión israelí Arava para, finalmente, lanzarlos a las profundidades del mar.

Todo ese trabajo se resumía en el pliego de consignación que había preparado para la justicia militar: 114 páginas que también incluían la esencia de los peritajes sobre el perfil psicológico de los militares procesados, dictámenes de balística, el análisis del contenido de las bitácoras de vuelo; el estudio bioquímico aplicado a las piezas del Arava, los croquis de la Base Aérea Militar, las órdenes para otorgar ascensos y sobresueldos para quienes participaron en esas operaciones y muchos otros documentos.

Por ello, en el pliego de consignación se pedía ejercer acción penal por homicidio calificado contra Quirós Hermosillo, Acosta Chaparro y Barquín Alonso.

Además de presentar las pruebas que respaldaban la acusación, el ministerio público militar Cortés Ríos desarrolló un análisis del contexto social y político de Guerrero y del país para intentar “explicar” la violencia del Estado contra los grupos guerrilleros.

Y justo ahí se incluye la inusual confesión del Ejército del papel que desempeñó en uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de México, confesión que 24 años después adquiere relevancia especial, dado que nunca antes se había conocido un documento oficial que reconozca explícitamente lo siguiente:

La Guerra Sucia ejecutada por el Estado mexicano en los años 70 y 80 fue ilegal, la Brigada Blanca –integrada y comandada principalmente por militares– carecía de “sustento legal” y cometió múltiples delitos, usó “tácticas completamente ilegales”, realizó “cateos y reclusiones ilegales” y utilizó el Campo Militar #1 y otras instalaciones para realizar “detenciones injustificadas” y someter a los detenidos a “interrogatorios y reclusiones ilegales”.

Fábrica de Periodismo tuvo acceso al contenido íntegro de las 32 carpetas y 16 anexos de la investigación completa que el propio Ejército realizó a partir del año 2000 para esclarecer la verdad de los “vuelos de la muerte”, el mecanismo de extinción empleado para deshacerse de los “subversivos” y “enemigos” del régimen.

Realizados entre 1974 y 1979, los “vuelos de la muerte” constituyeron uno de los métodos más atroces empleados por el Ejército para acabar con la vida de cientos de mujeres y hombres.

En las más de 15 mil hojas del expediente se encuentran múltiples pruebas de quiénes, cómo, cuándo, por órdenes de quién y por qué se ejecutaron los cientos de asesinatos y desapariciones.

Las carpetas incluyen documentos, testimonios y evidencias de que los “vuelos de la muerte” formaban parte de una operación de Estado destinada a “contrarrestar la acción delictiva de los subversivos del orden”, que de ella tenían conocimiento los altos mandos del Ejército y que incluso la operación había sido aprobada personalmente por el entonces titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, el general Hermenegildo Cuenca Díaz.


El 6 de septiembre de 1974 se hizo el primer vuelo de la muerte del que se tiene registro, según las bitácoras de los aviones publicadas por Fábrica de Periodismo en un par de reportajes: Toda la verdad sobre los vuelos de la muerte y Cinco años de vuelos de la muerte.

Pocos días antes de que se realizara el primer vuelo para lanzar los cuerpos sin vida al mar se desahogaban los trámites administrativos para respaldar las tareas que estaban por comenzar.

Dada la naturaleza de las comisiones, las diligencias no quedaron en manos de cualquier militar: fueron autorizadas y firmadas por los dos más altos funcionarios del Ejército mexicano en ese entonces: el secretario de la Defensa Nacional y el comandante de la Fuerza Aérea Mexicana.

El 28 de agosto de 1974, apenas una semana de que empezara el ciclo de vuelos de la muerte, el general secretario Hermenegildo Cuenca Díaz colocó en tinta negra su firma encima del lugar en donde aparecía su nombre y una breve leyenda: “APROBADO”.

Dejaba constancia así de que la operación para arrojar al mar los cuerpos de quienes eran ejecutados extrajudicialmente contaba con el conocimiento y la autorización de la más alta cúpula militar y que la participación de las tripulaciones que intervenían se compensaba con un sobresueldo.

El oficio, del cual se entregó copia a 24 mandos y responsables de diferentes áreas del Ejército, lo envió el general de ala Roberto Salido Beltrán, comandante de la Fuerza Aérea Mexicana.

En el documento solicita que un par de tripulaciones queden destacadas a partir de esa fecha en la Base Aérea Militar #7, con el fin de realizar “relevos de aviones Arava”.

Le informa al general Cuenca Díaz que las tripulaciones “eran altamente calificadas en esta clase de material de vuelos”, y que ante la necesidad de las “operaciones que actualmente realizan los aviones Arava en la jurisdicción de la 27ª. Zona Militar”, con sede precisamente en Pie de la Cuesta, solicita que se le autorice girar las “instrucciones para que a las tripulaciones se les pagara su sueldo normal y un sobresueldo”.

Y gracias a ese documento hoy se sabe que las primeras dos tripulaciones de los “vuelos de la muerte” estaban integradas por los capitanes Carlos González Gómez, Bernardo Huicochea Alonso, Ángel Salazar Trejo y Edgar Javier Sarabia Alanís, así como por los subtenientes Margarito Monroy Candia y Juan Manuel Díaz Osorio.

Así lo había dispuesto el más alto mando militar. Era una orden. Y se ejecutó.


La acusación contra los tres militares sometidos a proceso judicial incluye un análisis del contexto político y social de Guerrero y del país en el que ocurrieron los “vuelos de la muerte”.

El ministerio público militar hace una relatoría e interpretación de las causas sociales que llevaron a la guerrilla encabezada por el profesor Lucio Cabañas a irrumpir en la historia mexicana, así como del papel de los militares acusados y de otros grupos represivos que operaron en Guerrero en los años 70.

El extenso análisis repasa los momentos que, según el fiscal militar, detonan la lucha armada de Lucio Cabañas. Cita, por ejemplo, un episodio clave: la manifestación de profesores encabezada el 27 de mayo de 1967 por Cabañas en la plaza de Atoyac de Álvarez, en la que, en respuesta a la demanda de sustitución de la directora de la escuela Juan N. Álvarez, fueron reprimidos con armas de fuego por la policía municipal.

Relata que a partir de entonces Lucio y un grupo de seguidores se remontaron a la sierra para organizar el Partido de los Pobres, con la Brigada Campesina de Ajusticiamiento como su núcleo central. Dos años después, el grupo comenzó a realizar acciones para allegarse de armas y recursos económicos para mantener el movimiento.

A partir de junio de 1972, destaca la relatoría militar, el grupo armado dirigido por Lucio Cabañas llevó a cabo actos más radicales, al pasar de atacar a las autoridades policiacas a emboscar a elementos del Ejército mexicano.

El primero de estos hechos ocurrió el 25 de julio de ese año, cuando el grupo guerrillero atacó un convoy de transporte militar, con un saldo de 10 soldados muertos. El siguiente golpe al Ejército se produjo el 23 de agosto de 1972, con 18 bajas entre las filas militares.

Pero el hecho que aceleró la violencia oficial contra Lucio Cabañas y su grupo, según el informe incluido en la consignación, fue el secuestro del senador Rubén Figueroa, ejecutado por el Partido de los Pobres el 30 de mayo de 1974.

A partir de ese momento el análisis del contexto cita cientos de registros militares (radiogramas, sobre todo) que dan cuenta del despliegue militar y civil contra la guerrilla de Lucio Cabañas.

Se reconstruye, en pequeños fragmentos, el proceso de persecución de Lucio y su grupo, cuando huyen llevando a cuestas al senador Figueroa; las estrategias puestas en práctica para estrechar el cerco sobre ellos; las detenciones y traslados de los “paquetes” para su “interrogatorio” en la 27/a Zona Militar; el enorme despliegue de comandos, batallones, cientos de soldados que buscan, como se repite literalmente una y otra vez en los radiogramas militares, “eliminar a Lucio y su gavilla”.

El asesinato de Lucio Cabañas ocurre, finalmente, el 2 de diciembre de 1974, momento que se describe así: “No obstante que trató de romper el cerco, fue muerto por los disparos que le hizo el personal militar, siendo posteriormente trasladado el cadáver a la plaza de Atoyac de Álvarez, en donde fue identificado por sus familiares”.


Para el ministerio público militar, lo que pasaba en Guerrero formaba parte de un fenómeno más amplio: acciones armadas realizadas desde inicios de los años 70 por organizaciones de izquierda que “también habían adoptado la violencia como forma de lucha, sobre todo la Liga Comunista 23 de septiembre, la cual llevó a cabo en 1973 secuestros y asesinatos”.

A partir de “su análisis de contexto”, el fiscal Cortés Ríos elabora lo que parece una justificación de la violencia militar:

“La fuerza militar que se usó fue empleada en el combate a los grupos subversivos que proliferaron a lo largo del territorio nacional, los cuales trastocaron severamente el orden y la paz social al dedicarse a cometer secuestros y asaltos a bancos y empresas, con la finalidad de obtener recursos económicos para financiar su movimiento social, así como atacar a los miembros de las diversas corporaciones policiacas encargadas de resguardar el orden”.

La acusación formal, el pliego de consignación contra Quirós Hermosillo, Acosta Chaparro y Barquín Alonso presentado el 16 de septiembre de 2002 constituye un contundente reconocimiento de las ilegalidades y las graves violaciones a los derechos humanos.

El “cúmulo de pruebas recabadas”, dice la Procuraduría de Justicia Militar en ese documento, permite concluir que:

  • Durante el periodo del 6 de agosto de 1975 al 8 de julio de 1979 habían realizado 30 vuelos a bordo del avión Arava 2005, hacia mar adentro, con la finalidad de arrojar los cadáveres de las personas privadas de la vida.
  • Que los primeros homicidios fueron perpetrados directamente por Francisco Quirós Hermosillo y Mario Acosta Chaparro con la finalidad de mostrarle al personal del 2º Batallón de Infantería la forma de privarlos de la vida y de arrojarlos al mar, bajo la supervisión del capitán de Infantería Francisco Javier Barquín, quien se quedó como encargado del personal de ese batallón.
  • Que para llevar a cabo los homicidios de las personas detenidas por ser parte del grupo armado que existió en el estado de Guerrero, o de tener alguna relación con él, personal de la Policía Militar planeó adecuadamente la forma de efectuarlo, como forma de proceder o borrar toda evidencia incriminatoria, ya que se proveyeron de un arma de fuego que sería utilizada precisamente para dispararle a los detenidos en la nuca, a la cual se le llamó La Espada Vengadora.
  • Que prepararon el lugar idóneo para perpetrar los homicidios, cerca de la playa, para ahogar el disparo con el sonido que provenía de las olas del mar y de un aparato de electrónico de audio al que se incrementaba el volumen en el momento preciso.
  • Que se proveyeron de costales de ixtle para colocar los cadáveres, e incluso contaban con un avión para deshacerse de los cuerpos y borrar así toda prueba incriminatoria, todo lo cual “es evidencia plena de la reflexión que tuvo que realizar el personal de la Policía Militar para llevar a cabo los homicidios, lo que demuestra la calificativa de premeditación”.
  • Que las personas a las que se les privó de la vida se encontraban detenidas, vendadas de los ojos y amarradas de las manos y ahí se les decía que se les tomaría una foto, pero en realidad lo que se les daba era un disparo en la nuca, que en la mayoría de los casos les causaba instantáneamente la muerte.
  • Que los elementos de la Policía Militar, al momento de perpetrar los homicidios, “nunca corrieron riesgo alguno ni de sufrir el más mínimo daño, era evidente la superioridad de fuerza física, de armamento y de total indefensión por parte de la víctima”, lo que comprueba el cuerpo del delito de homicidio calificado.
  • Que fue Francisco Quirós Hermosillo quien probablemente, junto con Mario Acosta Chaparro, concibió, resolvió cometer, preparó y ejecutó personalmente algunos de los homicidios calificados perpetrados en contra de personas que habían sido detenidas por formar parte o tener relación con el grupo armado que existió en Guerrero durante la década de los 70, y otros los llevaron a cabo a través del personal de la Policía Militar del 2º Batallón que se encontraba en la Base Aérea Militar #7, ya que también fungió como comandante del citado batallón del 1º de mayo de 1969 al 1º de mayo de 1977.
  • Que Quirós Hermosillo “tuvo conocimiento de los elementos objetivos o externos del delito y tuvo también la voluntad de realizar el hecho delictivo”, ya que de la mecánica en que se llevaron a cabo los homicidios se desprende que fue él quien concibió la forma en que debían realizarse, reflexionó detenidamente sobre el método más efectivo para lograr la muerte de dichas personas fuera instantánea, así como la manera de deshacerse de los cadáveres definitivamente, llegando así a la conclusión de que el mar era el mejor lugar para depositarlos.
La documentación y evidencia reunida como parte de la averiguación SC/034/2000/IV/I-E-BIS muestra la ruta que siguió el fiscal militar para probar sin lugar a dudas las atrocidades y las graves violaciones ordenadas por los más altos mandos militares y cometidas por un grupo del Ejército comisionado para cumplir esas tareas.

Sin embargo, y aunque la evidencia comprueba de manera contundente que el exterminio de los integrantes de grupos guerrilleros fue una política de Estado, el Ministerio Público Militar toma un camino que lo lleva a una conclusión mucho más limitada: tres militares, sólo ellos, a título individual, como si no fueran parte de una estructura y de una cadena de mando, fueron quienes “resolvieron cometer, prepararon y ejecutaron los homicidios”.

Para llegar a ese cierre de la investigación, el fiscal militar reconoce, sin embargo, que la creación de la Brigada Especial, conformada por varias agrupaciones policiacas y elementos del 2/o Batallón de Policía Militar al mando de Francisco Quirós Hermosillo, fue irregular.

Además, acepta que para realizar las operaciones ilegales y realizar las ejecuciones extrajudiciales “utilizaban instalaciones de diversas autoridades, incluso militares, ya que se llegaron a emplear como centros de detención, las instalaciones del mencionado Batallón de Policía Militar ubicadas dentro del Campo Militar 1, teniendo también a su disposición, el comandante del mencionado Batallón, un avión Arava de la Fuerza Aérea Mexicana”.


“A la par de las operaciones estrictamente militares que efectuaba el personal de las unidades destacadas en el combate al grupo armado, se ordenó que elementos del 2º Batallón de Policía Militar, del cual era comandante el ahora general Francisco Quirós Hermosillo y entre los cuales figuraban el mayor Francisco Javier Barquín, se dedicaran a recabar información relacionada con el grupo armado, la cual obtenían a través de los interrogatorios a las personas detenidas en la Sierra de Atoyac”.

Si bien reconoce que cuando “ocurrieron las muertes de las personas” atribuidas sólo a los tres militares mencionados había otros niveles de mando que autorizaron las acciones, prefiere navegar en la ambigüedad: lo hicieron, dice, “seguramente por órdenes superiores”, (aunque) “hasta el momento se ignora específicamente de quién emanaron”.

La argumentación de la fiscalía del Ejército revela también el esquema de operación de la Brigada Especial y destaca el caso de Acosta Chaparro: durante el gobierno de Rubén Figueroa en Guerrero (1975-1981), el general ocupó cargos civiles y militares simultáneamente: era el titular de la Dirección de Policía y Tránsito de Acapulco y también de la Policía Judicial del Estado y, al mismo tiempo, lideró el combate irregular del grupo guerrillero, además de mantener su adscripción a la Brigada de Fusileros Paracaidistas del Ejército.

Acosta Chaparro era una pieza clave en la lucha contrainsurgente del Estado: cruel y sanguinario, como es descrito en la acusación, comandaba los interrogatorios y torturas cometidas por los elementos del 2º Batallón de la Policía Militar con sede en la 27/a Zona Militar, en Atoyac de Álvarez, a donde eran concentradas todas las personas sospechosas de formar parte del grupo armado, “algunas de las cuales fueron mantenidas privadas de su libertad durante prolongados periodos de tiempo”.

A partir de mediados de 1975, asienta el documento, las personas detenidas empezaron a ser trasladados a las instalaciones de la Base Aérea Militar de Pie de la Cuesta, “en donde eran introducidos a una especie de casa o bungalow que se encontraba en la playa que da hacia el Océano Pacífico y ya ahí el personal de la Policía Militar sometía a interrogatorio a los detenidos, siendo posteriormente a tales interrogatorios que los mencionados detenidos, a altas horas de la madrugada y con los ojos vendados y las manos amarradas…”.

“Sólo obedecíamos órdenes superiores”

En una de las 32 carpetas de la investigación constan los registros documentales de las órdenes de aprehensión liberadas el 25 de septiembre del año 2000 y las primeras respuestas de los detenidos, a través de sus abogados de oficio, al Ministerio Público militar.

Su primera reacción es negar las imputaciones; la segunda, solicitar la “extinción de la acción penal por prescripción”. Ninguna de las dos les es concedida, por lo que el proceso judicial sigue.

La respuesta de Acosta Chaparro a través de su abogado es esperable: “Niega categóricamente haber participado en los hechos delictivos que se le imputan, negación que hace porque son falsos, sobre todo en las imputaciones directas que se le hacen. Por el momento no es su deseo contestar a las preguntas…”.


Quirós Hermosillo responde, por su parte, que “por el momento no es su deseo declarar, por lo que se acoge al contenido de la fracción segunda del Art. 20 constitucional para solicitar que en una fecha posterior se le reciba su declaración”.

Semanas después, el 31 de octubre de 2001, Quirós Hermosillo acude a las instalaciones de los juzgados militares, en donde el Ministerio Público le informa que el motivo de la diligencia es que rinda su declaración, ahora ya en calidad de indiciado

De propia voz, de nuevo niega “categóricamente los hechos que se me imputan”. Aunque esta vez acompaña a su declaración verbal con un escrito a mano de siete páginas.

Y pide que se recabe la declaración de cinco generales de División como testigos: Salvador Rangel Medina, Eliseo Jiménez Ruiz, Francisco Andrade Sánchez, Enrique Cervantes Aguirre y Luis Humberto López Portillo Leal.

Solicita sus testimonios, argumenta Quirós Hermosillo, porque en la época en que ocurrieron los hechos todos ellos eran parte de la cúpula militar: los tres primeros fungieron como comandantes de la 27/a Zona Militar; y el general López Portillo Leal era subjefe del Estado Mayor de la misma zona militar, “por lo que cualquier actividad que desarrollara el de la voz, al mando de tropas, debió ser del conocimiento de las personas mencionadas”.

Intentan interrogarle, pero Quirós Hermosillo les recuerda que no desea contestar ninguna pregunta y que lo que tiene que declarar se encuentra en forma detallada en el manuscrito.

Con una caligrafía de líneas y tamaños casi perfectas y todas en mayúsculas, comienza negando que haya estado y dirigido operaciones en Atoyac, Guerrero. En esa época, argumenta, ocupaba el cargo de comandante interino del 2º Batallón de la Policía Militar, con sede en el Campo Militar #1, en la Ciudad de México.

Niega las imputaciones y trata de lanzar una contraofensiva jurídica. Pide investigar la cadena de mando de la estructura militar. Busca demostrar que, en todo caso, su actuación estaba supeditada a sus superiores.

“Dependía directamente del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional. Para comprobar lo anterior se puede recurrir a los testimonios de los generales de División DEM retirados: Alberto Sánchez López, Ramón Mota Sánchez y Mario Oliver Bustamante, quienes fungieron como jefes del Estado Mayor de la Sedena cuando yo era comandante del 2º Batallón”.

Aprovecha para deslindar a Acosta Chaparro quien, asegura, no pertenecía a la unidad a su mando ni estaba comisionado o agregado. Y da otro jalón a la cadena de mando hacia sus mandos militares.

Las acusaciones, dice, “me obligan a solicitar que la representación social militar, llame a declarar a las personas que por su jerarquía fungieron en aquella época como comandantes de la 27ª ZM”.

Para reforzar su demanda en su manuscrito, le cita al Ministerio Público Militar el artículo 64 de la Ley del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, que establece que las funciones que desempeñan los militares deberán estar de acuerdo con la jerarquía, según les sea fijado en las unidades, dependencias e instalaciones a donde se les haya asignado.

“Jamás he pertenecido a una unidad, dependencia o instalación bajo la jurisdicción de la 27/a ZM en Acapulco, Gro”.

Durante los años en que estuvo detenido, sujeto a ese proceso penal, insistió en que se citara a declarar a miembros de la alta jerarquía del Ejército. Quirós Hermosillo intentó una y otra vez jalar los eslabones de la cadena de mando del Ejército hasta que la muerte lo detuvo en noviembre del 2006.

Buscaba demostrar que, en todo caso, los hechos que se le imputaban eran ordenados por estructuras superiores a ellos.


La investigación en su conjunto buscó evitar la vinculación de esos crímenes de lesa humanidad con las estructuras jerárquicas de la Secretaría de la Defensa Nacional. Ni los mandos superiores ni la institución tenían que mancharse con la sangre de los asesinados.

“Siempre se tiende a desestimar la responsabilidad institucional del Ejército en las graves violaciones de derechos humanos y se atiende más a teorías de que existen unas cuantas manzanas podridas dentro”, dice César Contreras León, abogado y parte del equipo legal del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez.

La Guerra Sucia y los “vuelos de la muerte”, así como las operaciones “Telaraña” y “Luciérnaga” e incluso el papel del Grupo de Tareas Zorba o la misma Brigada Especial o Brigada Blanca, comenta, son parte de un plan de contrainsurgencia diseñado y orquestado por el Estado y la Sedena.

“Es imposible que los responsables fueran sólo esas tres personas. Fue una estrategia amplia, con inteligencia, con vigilancia constante, con personas infiltradas, con retenes, con helicópteros, con gran cantidad de recursos humanos, materiales y tecnológicos de la época. Hay que reunir las piezas de ese rompecabezas para entender que era una política de terror implementada por el Estado mexicano”.

El juicio contra los tres militares por su responsabilidad en la desaparición forzada de cientos de mujeres y hombres se enredó en los laberintos de la justicia castrense, en los que tenían eco los reclamos de los militares juzgados: si los procesaban, tendrían que juzgar a quienes estaban por encima de ellos.

Sin embargo, el proceso al que fueron sometidos por sus vínculos con el narcotráfico sí avanzó. En el segundo semestre del año 2002 se instaló un Consejo de Guerra para juzgarlos por esos delitos.

Juan Veledíaz, periodista y especialista en temas militares en México, estuvo presente todos los días en que se llevó a cabo el Consejo de Guerra contra los generales por sus nexos con el tráfico de drogas.

En su libro El general sin memoria, Veledíaz cuenta que en la última defensa que realizó Quirós Hermosillo frente a sus juzgadores para detener las acusaciones por las desapariciones en Guerrero “culpó al general Jaime Antonio López Portillo de filtrar a la prensa información de aquellos sucesos”.

Veledíaz recrea en esas páginas una escena para la historia: “Un silencio cayó como lona aquella tarde de noviembre del 2002 en la sala del Consejo de Guerra del Campo Militar Número Uno. Era como si los asistentes hubieran quedado sepultados bajo el peso de una capa invisible que los tenía aguantando la respiración. Una voz se escuchó hasta los pasillos y rompió con todo”.


“De pie, un hombre entrado en canas, ataviado con el uniforme de gala azul zeta del Ejército, luciendo en las hombreras el águila real del escudo de la bandera nacional con tres estrellas bordadas en oro que lo acreditaba como general de División, comenzaba su alocución con una frase que dejó helados a buena parte de los presentes”.

Quirós Hermosillo, el oficial de artillería que se cambió a infantería y que se ganó sus ascensos por su papel en el combate a la guerrilla, el militar que con su más de metro 80 de estatura intimidaba a cualquiera –continúa el relato de Veledíaz–, tenía sorprendido a todo mundo cuando se paró mirando de frente al estrado donde estaban los seis miembros de la corte marcial que lo juzgaban.

“Era la última audiencia y le tocaba turno para defenderse en público. Había transcurrido toda una semana de diligencias a puerta abierta, donde habían salido a relucir episodios desconocidos de la vida interna de la milicia. Fueron días en que la histórica secrecía del ejército mexicano se rompió y abrió una grieta por donde varios altos mandos fueron exhibidos en sus relaciones con los jefes del narcotráfico en México.

“Esa tarde Quirós Hermosillo se guardó todo lo que había hecho detrás de las ‘órdenes superiores’ que recibió de varios presidentes de la república y secretarios de la Defensa Nacional”.

Y dijo la frase que retumbó en los muros del Campo Militar: “Si hablo, provocaré una crisis de seguridad nacional”.

La advertencia se diluyó con el tiempo. Quirós Hermosillo jamás habló.


INE: 227 millones a incondicionales de García Luna por “Centro de Seguridad Integral”

El contrato fue asignado por el INE de Taddei a la empresa AMPS, fundada por Marco Antonio Novella Juárez, que fue director de Desarrollo Penitenciario de la Secretaría de la SSP en el primer círculo de García Luna, y Jorge Tello Peón, asesor de Felipe Calderón en materia de seguridad y mentor de Genaro García Luna

La administración de Guadalupe Taddei en el Instituto Nacional Electoral (INE) transfirió, “en una sola exhibición”, 227 millones de pesos a la empresa AMPS, creada por Jorge Tello Peón y Marco Antonio Novella Juárez, dos personajes del círculo de confianza del extitular de la Secretaría de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Genaro García Luna, hoy convicto en una prisión de los Estados Unidos por crimen organizado.

Tello Peón fue asesor presidencial de Felipe Calderón en materia de seguridad pública, y se le atribuye el fichaje, en aquella administración, de García Luna, quien fue condenado a casi 40 años de prisión en los Estados Unidos por narcotráfico. Marco Antonio Novella Juárez , por su parte, fue director de Desarrollo Penitenciario de la SSP en el primer círculo del ahora convicto.

De acuerdo con una investigación desarrollada por EMEEQUIS con base en la consulta de registro notariales y corporativos, recursos de transparencia y consultas al INE, la transferencia del dinero se efectuó para cubrir el costo de un contrato asignado de manera directa y con vigencia de diciembre de 2025 a diciembre de 2026, por “la prestación del servicio para el proyecto” denominado “Centro Estratégico de Seguridad Integral”. 

No sabemos si AMPS fue contratada por el INE, por un proyecto escrito, por la ejecución de una obra o por un servicio operativo, ya que la versión pública del contrato no incluyó el anexo técnico. 

EMEEQUIS solicitó con oportunidad al INE el documento faltante o en su defecto especificación sucinta sobre los bienes o servicios adquiridos con la contratación señalada,  así como una exposición sucinta sobre el criterio preciso por el que decidió omitir la licitación para asignar el contrato.

Como respuesta, el organismo remitió a este medio de información la copia de una respuesta a una solicitud de información sobre el contrato en cuestión, en la que se informa que los detalles relacionados con el anexo único del contrato fueron clasificados por cinco años, por cuestiones de seguridad nacional y para la preservación de la democracia; y en la que se alude al surtido de cámaras de vigilancia y torniquetes colocados en dos edificios del mismo instituto.

Por otro lado, pedimos a la IA de Google que, con base en el precio por metro cuadrado para el ciclo 2025 – 2026 del Centro de Ingeniería de Costos de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), estimara qué obra podría ejecutarse con los recursos transferidos por el INE a la caja de la empresa fundada por Novello y Tello Peón. 

Según la IA, con dichos recursos podría financiarse un hospital privado completo, de tamaño mediano, con aproximadamente 9,500 metros de construcción; un edificio corporativo moderno de diseño estándar de unos 7,500 metros cuadrados; una nave industrial de manufactura o centro de distribución logística de poco más de 21 mil metros cuadrados; o 261 viviendas de interés social (incluidos costos de terrenos y urbanización).

Sobre la naturaleza de los propietarios de la empresa beneficiaria del contrato, el INE no hizo comentarios.



AL CHAS – CHAS

El dinero salió del INE directo a la cuenta de la compañía creada por los amigos de García Luna en un solo depósito.  

Y es que el contrato, con número INE/050/2025, se decidió a dedo: “el instituto aprobó la excepción a la licitación pública para la adquisición de bienes objeto del presente contrato, mediante Acuerdo No. 1, tomado en Décima Sesión Extraordinaria del Comité de Adquisiciones , Arrendamientos y Servicios” del 5 de diciembre de 2025”. Le notificaron al proveedor en la misma fecha.

El objeto del contrato consistía en “la prestación del servicio para el proyecto integral ‘Centro Estratégico de Seguridad integral’ para los inmuebles del Instituto Nacional Electoral (Tlalpan, Tláhuac, orum, Zafiro, Insurgentes, Quantum, Centro de Cómputo y Resguardo Documental, y Moneda) y las 32 juntas locales ejecutivas”.

El monto que la institución destinó por este servicio para la empresa de Novella y Tello Peón fue de 227 millones de pesos cerrados, con el IVA incluido, que fue liquidado en una sola exhibición. 

El INE establece que la firma del contrato “se realizó a petición de la Dirección de Recursos Materiales y Servicios (a cargo de Mario Alfonso Burciaga Esparza) de la Dirección Ejecutiva de Administración”, y designó como administradora del contrato a Ofelia Sánchez Frías, coordinadora de Seguridad y Protección Civil del organismo, y a Guadalupe Durán para recibir la documentación del beneficiario.

La vigencia del contrato es de la fecha del 5 de diciembre de 2025 al 5 de diciembre de 2026. Es decir, inició su vigencia en cuanto se asignó y continúa al menos durante este año.

El INE justificó la “excepción” para asignar el contrato sin licitación ni concurso de ningún orden, “con fundamento en los artículos; 134, párrafo cuarto, de la Constitución”; “21, fracción II; 23, 24, 26; 31, párrafos primero, fracción I; segundo y décimo primero, fracción I; y 35, fracción I, del Reglamento de INE en materia de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios”.

Sólo el último de los artículos invocados alude a excepciones a la licitación, y de hecho remite a los criterios establecidos por la Secretaría de Economía, a saber, cuando no existan bienes o servicios alternativos, o si se trata de patentes exclusivas, por ejemplo medicamentos de patente o tecnologías únicas.

EMEEQUIS consultó con oportunidad al INE para conocer los criterios que sustentaron la asignación del contrato sin licitación, así como los detalles del anexo técnico. El organismo remitió a este medio informativo una copia de una respuesta a una solicitud de información sobre la asignación en cuestión.

En el documento se explica que la información relacionada con el anexo único fue clasificada por cinco años para salvaguardar la seguridad nacional, pues de lo contrario, “se pone en franco riesgo la capacidad del INE para ejercer su función estatal de organizar elecciones”, y que tiene como propósito último salvaguardar  ”la correcta ejecución de todo proceso electoral a su cargo y, por lo mismo, al orden constitucional y a la democracia y sus instituciones” 

La respuesta también explica que “el contrato derivó de un procedimiento de contratación aprobado por el Comité de Adquisiciones, mediante adjudicación directa, sustentada en una investigación de mercado”.


EL ARMAZÓN CORPORATIVO

AMPS para la Integración y la Articulación S.A.P.I de C.V. fue constituida el 25 de enero de 2017, ante la Correduría Pública No. 59 de la Ciudad de México, con sede en la Alcaldía Miguel Hidalgo, por tres socios: Marco Antonio Novella Juárez, Jorge Enrique Tello Luna y Madison Intelligence Holding.

Esta última compañía fue formada ante el mismo fedatario el 13 de abril de 2016, por Jorge Enrique Tello Peón, Jorge Enrique Tello Luna y Laura Gabriela Tello Luna.

AMPS se planteó como propósitos, de acuerdo con la documentación constitutiva, “prestar servicios de consultoría relacionados con la seguridad de las empresas, incluyendo: (i) consultoría en análisis de seguridad física: análisis de contexto, análisis de vulnerabilidad física y evaluación de infraestructura; (ii) consultoría en diseño de procesos, consignas y protocolos para los planes maestros de seguridad; (iii) integración de soluciones de seguridad a través de la coordinación de proveedores”, entre otros.


Por lo que toca Madison Intelligence Holding, se propuso como principal objetivo “participar en el capital social de toda clase de sociedades mercantiles, civiles, asociaciones o empresas industriales, comerciales, de servicio, mexicanas o extranjeras, públicas o privadas, incluyendo la compra y venta de acciones, partes sociales o derechos y en general intervenir en todo tipo de inversiones en sociedades de cualquier índole tanto nacional como extranjera, así como participar en su administración o liquidación”, entre otros varios.


Y AMPS, la sociedad formada por Novella y Tello Peón en 2017, en 2024 modificó su catálogo de servicios, para incluir seguridad personal, “custodia, vigilancia, cuidado y protección de bienes muebles o valores, incluyendo su traslado”, “instalación de sistemas de alarma”, custodia y preservación de “ información, a través de sistemas de administración de seguridad, de bases de datos, redes locales, corporativas y globales, sistemas de cómputo, transacciones electrónicas, así como respaldo y recuperación de dicha información, sea ésta documental, electrónica o multimedia”; ”informes de antecedentes, solvencia, localización o actividades de personas”; y servicios de consultoría en seguridad.

NOVELLA, AL SECTOR DEL ENTRETENIMIENTO

La “vena empresarial” de Marco Antonio Novella había surgido muchos años atrás. En 2002, a sus 50 años, fundó la compañía Consultoría en Gestión de Riesgos, S.A. de C.V., en sociedad con José Patricio Patiño Arias.

Muy poco después incursionó en el servicio público, durante el gobierno del panista Marcelo de los Santos Fraga (2003-09) en San Luis Potosí. En ese periodo, Novella Juárez se desempeñó como titular del Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP) de esa entidad. 

La maestra en asuntos públicos por el Colegio de San Luis Potosí, Elia Edith Arguelles Barrientos, escribió una tesis sobre la política potosina de seguridad en ese periodo. En su documento académico, apunta:

“Un informante clave asegura que la decisión sobre de quién recaería la responsabilidad de la seguridad en al entidad (…) fue determinada bajo el consejo de la federación, así fue como Marco Antonio Novela Juárez, oriundo de otro estado de la República, y ajeno a la problemática de San Luis Potosí, llegaría a la titularidad del CESP”.

Es decir, Novela Juárez fue enviado por la SSP del gobierno federal, que hasta 2004 estuvo a cargo de Alejandro Gertz Manero, y en donde Jorge Tello Peón era subsecretario de Seguridad Pública.

Ya en el sexenio de Felipe Calderón, en marzo de 2008, el socio de negocios de Novella Juárez, José Patricio Patiño Arias, llegó al organigrama de García Luna como subsecretario del Sistema Penitenciario Federal de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

Y es entonces cuando Novella Juárez se convierte en comisario de la dependencia y director general de Desarrollo Penitenciario, cargo que desempeñó hasta el cierre de sexenio calderonista. 

Muchos años después, cuando Genaro García Luna ya era perseguido por los gobiernos de México y Estados Unidos, Novella apareció en los expedientes de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), relacionados con la estructura de lavado de dinero creada por el extitular de la SSP.

Genaro García Luna.

Concretamente, Novella Juárez apareció entre los funcionarios de la SPP que, de manera simultánea al desempeño de sus cargos públicos, figuraban en los directorios de la entidad privada International Consulting on intelligence and Terrorism (ICIT), que operaba en el centro de un esquema corporativo creado por García Luna para ocultar más de 50 millones de dólares en paraísos fiscales.

En mayo de 2020, una filtración a la prensa de las indagatorias de la UIF detalló que Marco Antonio Novella figuraba, en 2011, como “consejero externo de la División ICIT Análisis” y desempeñaba a un tiempo sus cargos en la SSP.

Seis años más tarde se asoció con Tello Peón para fundar AMPS, la empresa contratada por el INE. En 2022, Marco Antonio Novella Juárez salió de esta empresa, y todo quedó en manos de Tello.  

Novella incursionó entonces en el sector del entretenimiento, pues fundó Latinsports & Showbiz, una SAPI dedicada a “la industria del entretenimiento en todas sus formas”.


UNIDOS POR EL CISEN

Así, en septiembre de 2022 AMPS quedó totalmente en manos de Jorge Tello Peón; Jorge Antonio Tello Luna le donó sus acciones, el 0.03%; el resto, es decir, el 99.7%, pasó a manos de Madison Intelligence Holding, que, como quedó señalado en líneas precedentes, también pertenece a Tello Peón.

Así, quien fuera el gurú en seguridad pública de la presidencia de Felipe Calderón Hinojosa, consolidó su empresa libre de nexos con más personal de García Luna en su empresa

Aunque, de hecho, García Luna fue uno de los muchachos adelantados de Tello Peón en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). El extitular de la SPP ingresó a ese organismo de inteligencia en 1990, cuando Tello se hallaba en transición del cargo de coordinador de asesores de la Coordinación para la Atención de los Delitos contra la Salud (1990-1991) al del Centro de Atención para el Control de Drogas (1991-93). Fue entonces cuando el ahora contratista del INE se convirtió en director (1993-99) del CISEN, con García Luna en su equipo.

En la recta final del sexenio de Ernesto Zedillo, Jorge Tello Peón asumió la subsecretaría de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación (Segob), y con Vicente Fox fue subsecretario de la SSP, mientras que García Luna se convertía en director de la Agencia Federal de Investigación (AFI).

Y en el sexenio calderonista, Tello se convirtió en asesor presidencial en materia de seguridad nacional, y poco después en secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), al tiempo que su antiguo pupilo era titular de la SSP.

Durante años, el columnismo atribuyó el nombramiento de García Luna a la recomendación de Tello Peón. Pero fue hasta 2021 cuando, como invitado a la presentación del  libro “Las cinco vidas de Genaro de García Luna”, de Guadalupe Correa Cabrera, Jorge Enrique Tello Peón comentó sobre el exdirector de la AFI:

“Es un muchacho muy inteligente. Yo creo que no les gustaría que dijera que es el mejor policía que he conocido. Era un espléndido técnico de seguridad y fue un espléndido profesional de inteligencia, y yo creo que fue muy buen policía”.

También relató, en esa oportunidad, que recién llegado al poder, llegó a oídos del presidente Felipe Calderón la idea de que Tello se oponía al nombramiento de García Luna como titular de Seguridad Pública. El presidente entonces consultó a Tello el por qué se negaba, y este respondió:

“Yo nunca  he dicho que no quiera. A mi no se me ocurriría nombrarlo… (…). No se me ocurría, pero a alguien se le ocurrió”.

EL CASO COLOSIO

En noviembre del año pasado, durante una audiencia del entonces recién re capturado José Antonio Sánchez Ortega, presunto segundo tirador contra Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI, asesinado en 1994 en Tijuana, fue revelado que, supuestamente, Tello Peón pidió al delegado de procuraduría General de la República (PGR) en Baja California, la liberación de Sánchez Ortega. Y que García Luna estaba presente en las instalaciones de la delegación de la PGR en Tijuana como operador del entonces director del CISEN.

FUENTE/MEDIO: EMEEQUIS.
AUTOR: ESTEBAN DAVID RODRÍGUEZ.
ENLACE: 
https://emeequis.com/investigaciones/ine-227-millones-a-incondicionales-de-garcia-luna-por-centro-de-seguridad-integral/

Los mineros de Concordia: cuando producir pudo más que proteger

Mineros de Concordia: Producir nunca puede valer más que proteger; ninguna tonelada extraída, ningún proyecto, ninguna inversión ni expectativa financiera puede justificar mantener personas trabajando cuando existen señales concretas de que su integridad puede estar en riesgo

Soy sonorense y durante más de 30 años de carrera periodística he seguido de cerca a una industria que forma parte de nuestra historia, nuestra economía y hasta de nuestra identidad; la minería no es un asunto periférico en Sonora; somos el principal estado minero del país y producimos alrededor de una tercera parte de la producción minera nacional; de acuerdo con el INEGI, la minería representó directamente 8.9 por ciento del PIB estatal en 2024, mientras que estimaciones del propio gobierno de Sonora elevan considerablemente su impacto cuando se incorpora toda la cadena de proveeduría, bienes y servicios vinculados al sector.

He cubierto minas, inversiones, conflictos laborales, accidentes, derrames, historias de prosperidad y también tragedias; conozco el peso económico de esta industria y precisamente por eso pocas historias relacionadas con la minería han golpeado tanto mi capacidad de sorpresa, de asombro y de indignación periodística como la ocurrida en Concordia, Sinaloa con trabajadores de la empresa canadiense Vizsla Silver; una historia que además nos toca especialmente a los sonorenses porque entre las víctimas había trabajadores de nuestro estado.

Ayer entrevisté en mi programa de Radio Fórmula Sonora a Alan Esparza y a Odracir Espinoza, vocero de las familias y representante legal, respectivamente; horas antes habían ofrecido una conferencia de prensa en la que expusieron una serie de elementos que obligan a mirar este caso no solamente desde la brutalidad criminal que terminó con nueve trabajadores encontrados sin vida y uno todavía desaparecido, sino desde otra vertiente igualmente necesaria: las condiciones en las que una empresa mantuvo trabajando a su personal en una zona donde, de acuerdo con los testimonios y documentos expuestos por las familias y sus abogados, existían antecedentes de inseguridad.

Ese trabajador que continúa desaparecido es el ingeniero Antonio Esparza Yáñez; su hijo Alan lleva más de ocho meses buscándolo; nueve familias ya enfrentaron la noticia más dolorosa, mientras la suya continúa viviendo en esa incertidumbre que no permite siquiera cerrar una historia.

Y hay algo que me resulta especialmente difícil de procesar después de escuchar los testimonios: según la representación jurídica de las familias, existían antecedentes de inseguridad antes del 23 de enero, hubo incidentes previos y la propia empresa había retirado trabajadores de la zona en abril de 2025 para después reactivar las labores en mayo; las familias aseguran además que existen audios en los que se escuchan balaceras mientras trabajadores hablaban con sus esposas e hijos; el miedo, según esos testimonios, estaba ahí mucho antes de que diez hombres fueran privados de la libertad.

Por eso hay una frase pronunciada durante la conferencia que resume de manera contundente el caso: las condiciones de seguridad no estaban dadas para seguir laborando en ese sector, sostuvo Odracir Espinoza; será la investigación la que determine responsabilidades jurídicas, pero periodísticamente resulta inevitable observar el desarrollo de hechos y preguntarse cómo pudo llegar una operación minera hasta el 23 de enero sin que la protección de sus trabajadores estuviera por encima de cualquier consideración productiva.

Porque producir nunca puede valer más que proteger; ninguna tonelada extraída, ningún proyecto, ninguna inversión ni expectativa financiera puede justificar mantener personas trabajando cuando existen señales concretas de que su integridad puede estar en riesgo; una empresa que opera en una región atravesada por la violencia no controla al crimen organizado, por supuesto, pero sí controla una decisión fundamental que es sobre bajo qué condiciones manda a trabajar a su gente y cuándo decide que esas condiciones dejaron de ser aceptables.

Hay además otro elemento difícil de entender; de acuerdo con lo expuesto por los representantes de las familias, Vizsla Silver no presentó una denuncia formal por la privación de la libertad de sus diez trabajadores; habría existido una llamada al 911, pero, según explicó el abogado, eso no equivale a una denuncia formal; tampoco, señalaron, se ha incorporado a la investigación información empresarial que consideran fundamental, como cámaras, GPS, correos, teléfonos corporativos, protocolos, reportes y evaluaciones de riesgo.

Y después viene el abandono que describen las familias. Alan reconoció que recibieron apoyo para algunos viáticos, pero fue contundente al explicar que eso resulta mínimo frente a lo que tuvieron que enfrentar; buscar, acudir a diligencias, tratar con fiscalías, intentar comprender investigaciones criminales y vivir pendientes de una llamada; Priscila (cuyo esposo desapareció y después fueron encontrados sus restos) contó algo todavía más doloroso: cuando llegó el momento de viajar para reconocer los cuerpos, fueron la Fiscalía General de la República y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas las que proporcionaron traslados, vuelos y acompañamiento psicológico. La empresa estuvo ausente.

He escuchado muchas historias dolorosas durante más de tres décadas detrás de un micrófono; algunas se quedan conmigo más tiempo que otras; ésta lo hará porque detrás de toda la discusión sobre responsabilidades existe una realidad sencilla: diez hombres salieron a trabajar y no regresaron; nueve fueron encontrados sin vida y el ingeniero Antonio Esparza Yáñez continúa desaparecido.

En Sonora sabemos muy bien lo que significa la minería; sabemos cuánto produce, cuántos empleos genera y cuánto representa para comunidades enteras; precisamente por eso también debemos saber algo elemental: ninguna industria puede medir su éxito únicamente por lo que extrae del suelo, también debe medirse por la manera en que protege a quienes bajan a la mina, recorren sus caminos, habitan sus campamentos y hacen posible que esa riqueza exista.

Porque antes que mineros eran personas; eran esposos, padres, hijos; y fueron a trabajar, no a jugarse la vida.

FUENTE/MEDIO: SINEMBARGO (ESPECIAL).
AUTOR: SOLEDAD DURAZO.
ENLACE: 
https://emeequis.com/analisis/los-mineros-de-concordia-cuando-producir-pudo-mas-que-proteger/

Corrección

"La corrección política poco ha servido para combatir crímenes y mucho para convertir a las personas o en hipócritas alienados o en ollas de presión"

Prácticamente desde que apareció en el horizonte hace unos años la cultura de la cancelación se ha vuelto cada vez más popular y nociva. Yo no sé, querido lector, a dónde vaya a llevarnos el impulso censurante o la mecánica, salvo a la cancelación de la cancelación misma. No veo otro futuro posible (y deseable) para los linchamientos sociales virtuales, de tintas medievales en la que ha caído mucha gente. No sé en qué momento personas sensatas e inteligentes y que debieran ser tolerantes, se convirtieron en inquisidores. Si no es una cosa es la otra, pero siempre encuentran a alguien que no piense “correctamente” es decir, como ellos y ellas, a quien usar como ejemplo social del castigo.

No me refiero exclusivamente a la censura que sufrió la escritora Ariana Harwicz (que se convirtió en un tema muy polémico y que comenté en esta columna la semana pasada) sino a al impulso que lleva a las personas al linchamiento y, sobre todo, a la nula consciencia crítica de su proceder. Las redes sociales se han convertido en patíbulos para quien tenga una opinión propia y no se ciña a las opiniones dictadas por ideologías o causas. Por ejemplo, el caso de Harwicz suscitó diversos desplegados en sentidos contrarios: los que la defendían, los que defendían la censura y no faltó quienes además de cancelar a la escritora, también pedían cancelar a los abajo firmantes de ambos desplegados, extendiendo así una ola de abusos y arbitrariedades sobre los demás. Lo verdaderamente asombroso es que a nadie de estos furiosos fanáticos les cauce ningún tipo de vergüenza asociar su nombre con nociones como censura y abuso, sino todo lo contrario: se miran en un espejo deformado que les regresa la imagen de la bondad. Así como le digo, querido lector. Se piensan “buenos y decentes” porque están convencidos de que, por alguna razón, tienen más derechos que los demás o desconocen y desprecian el verdadero estado de derecho que consiste en que exista un aparato judicial para sancionar las conductas indeseables de todos (no la moralidad o las ideas al uso).

En parte porque la cultura de la cancelación proviene de la noción de víctima, de aquellos para los cuales el sistema judicial no ha funcionado y necesitan ser reivindicados a través de mecanismos extra judiciales, es que se ha dado esta involución civilizatoria. Naturalmente, las mujeres ocupan un lugar central en esta ecuación. Por eso, el feminismo se ha visto colonizado por esta cultura como una herramienta de “justicia” y también por intereses no precisamente feministas. Porque está de moda cancelar mujeres, incluso, por lo que piensan u opinan.

Últimamente me he preguntado si el wokismo no es, en realidad, una secta, con sus ídolos y sus anatemas. La manera en que sus fieles proceden se parece mucho a los grupos religiosos que exigen sumisión absoluta y fe incondicional y como ellos, imaginan un futuro utópico donde la equidad y la bondad reinen, no en el cielo sino en una sociedad futura que ellos han comenzado a construir (eliminando claro, la complejidad humana). Eso justificaría, ante sus ojos, destruir a cuanta persona no se alinee con sus ensoñadas virtudes, ya sea del pasado, o del presente (esos “detalles morales” que van descubriendo en los personajes y personajas del pasado que resulta que no tuvieron vidas ejemplares; poetas, pintores, y todo tipo de personas famosas a las que debe de castigarse con el olvido).

El problema, como siempre, querido lector, es la realidad. La realidad que siempre es más compleja que una consigna, y no es maniquea, aunque así la presenten los modernos torquemadas. La corrección política poco ha servido para combatir crímenes o inequidades, y mucho ha servido para convertir a las personas o en hipócritas alienados o en ollas de presión. Porque las imposiciones autoritarias sobre el lenguaje no modifican la realidad, son meros instrumentos de coerción. Una estrategia ideológica de tortura que imaginó hace mucho Orwell.

Afortunadamente, las personas aún pueden pensar libremente y deberían ejercer, a plenitud, su derecho a la libre expresión a pesar de las turbas censoras. Porque es precisamente este ejercicio el que puede poner un límite a los abusos de quienes creen que las personas deben de perder derechos por pensar distinto a ellas.

Y no estoy hablando aquí ni de la izquierda, ni de la derecha, sino de todos aquellos que creen que los demás debieran perder el derecho a la libre expresión, por la razón que sea, y que deben ser castigados por sus opiniones. Una sociedad que está dispuesta a ejercer castigos discrecionales, a deshacerse de quienes no piensan como ellos, a condenarlos a la muerte social y laboral, no es una sociedad democrática y libre, sino una secta de fanáticos abusivos. Mejor la tolerancia y la discrepancia, la complejidad y la libertad ¿no cree?

FUENTE/MEDIO: SINEMBARGO.
AUTOR: MARÍA RIVERA.
ENLACE: https://www.sinembargo.mx/4879775/correccion/

Las perlas de Morena: investigación en tierra ajena

"Morena en México ya tiene muchas perlas, demasiadas como para hacer un collar con tufo a corrupción: cuatro gobernadores a los que retiraron la visa"

Al contrario de la famosa canción de la Rosalía, donde las banderas rojas en una persona se detectan y se actúa en consecuencia, en el ejercicio del gobierno de Morena en México, a las banderas rojas, a las perlas siguiendo el título de la canción de la española, se les abraza, se les protege, y se les investiga en tierra ajena.

La perla es una jerga utilizada frecuentemente para ironizar sobre una persona que destaca, pero por sus cualidades negativas; en uno de sus estribillos más notorios, la canción de Rosalía refiere: “Es una perla/ nadie se fía/ es una perla/ una de mucho cuidado”.

Morena en México ya tiene muchas perlas, demasiadas como para hacer un collar con tufo a corrupción: cuatro gobernadores a los que les fue retirada la visa: el de Sinaloa, Rubén Rocha; el de Tamaulipas, Américo Villarreal; el de Sonora, Alfonso Durazo; la de Baja California, Marina del Pilar Ávila, e incluso el hijo del único expresidente emanado de Morena, Andrés Manuel López Beltrán, a quien de acuerdo al diario The New York Times, lo investigan agencias de los Estados Unidos por vínculos con organizaciones criminales.

Entre las perlas también están por lo menos 10 personas que fueron parte del Gobierno de Sinaloa, incluido el ahora mandatario estatal con licencia, Rubén Rocha Moya. Por supuesto también están los hermanos Fernando y Manuel Roberto Farías Laguna, quienes, desde la alta esfera de la Marina de México, comandada por su tío el Almirante Rafael Ojeda, contribuyeron, de acuerdo a investigaciones de la Fiscalía General de la República, al huachicol fiscal por las principales aduanas portuarias de este país, tan así que el Almirante, nada más no aparece.

Otra gran perla lo es sin duda el Senador Adán Augusto López, quien siendo Gobernador de Tabasco dio trabajo, consintió y mantuvo como Secretario de Seguridad a Hernán Bermúdez Requena, identificado, perseguido, detenido y procesado, también por la FGR, por ser el líder de la Barredora, una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación dedicada al secuestro, la extorsión, entre otros delitos. A pesar de ello, López

Hernández sigue siendo Senador de la República, aun cuando su poder ha sido limitado, ya no coordina la bancada y una de sus protegidas más notorias, la también Senadora Andrea Chávez, no logró ser electa coordinadora en Chihuahua, entidad de la que él decía sería no sólo candidata, sino Gobernadora.

Esta semana, Irving Pineda, periodista de TV Azteca, encontró en Suiza a una de las Perlas del morenismo: Jorge Amícar Olán Aparicio, quien de ser identificado como amigo de los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, particularmente de Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán, ha sido señalado de construir una red de corrupción al amparo de estos, que, durante el gobierno de AMLO, le permitió hacerse contratos millonarios en el sector Salud y la proveeduría de materiales para las obras insignes del obradorismo como el Tren Interoceánico, el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.

A pesar de haber sido señalado en investigaciones periodísticas con documentos, contratos, audios y otros medios de prueba, en medios como Latinus, Mexicanos contra la Corrupción y TV Azteca, Jorge Amílcar ha permanecido impune, aunque por su decisión se exilió en Suiza, en un barrio de clase holgada en la ciudad de Lugano, donde lo localizó el reportero de TV Azteca.

Hace un año, el 19 de septiembre de 2025, el Departamento del Tesoro dio a conocer otra lista de sancionados por sus vínculos con el cártel de Sinaloa, en la misma aparecía la morenista y exalcaldesa de Rosarito, Baja California, hoy Diputada federal, Araceli Brown, así como dos empresarios ligados a su administración, Candelario Arcega y Jesús González Lomelí. Una perla que ya no está sola.

Esta semana la misma oficina para Activos en el Extranjero, la OFAC, del Departamento de Estado, emitió un comunicado sancionando a otros mexicanos por tener vínculos con el cártel de Sinaloa en Baja California, entre las perlitas en cuestión, aparece quien fuera el esposo de la Gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, Carlos Torres Torres, y su hermano, Luis Alfonso Torres Torres.

Tanto al ahora exesposo como a la Gobernadora, las autoridades federales de los Estados Unidos les revocó su visa para entrar a su país en mayo de 2025, cuando aun estaban casados, y se supone inició la investigación que el martes 29 de septiembre, lo llevó a ocupar un lugar, junto a su hermano, el hijo de Ismael Zambada García,"Mayito Flaco", "los Rusos" del Cártel de Sinaloa en Mexicali, los hermanos Arzate, René y Aquiles que delinquen para la misma organización criminal.

En la misma lista aparecen los hermanos Jorge Mario y Jerónimo Vera Ayala, gemelos y ahijados los dos de Jorge Hank Rhon, el casinero asentado en Tijuana y que en dos ocasiones ha sido derrotado en su intensión por ser Gobernador de Baja California, y que por lo menos aparece señalado en dos investigaciones por asesinato, el del periodista Héctor Félix Miranda "el Gato", codirector fundador de ZETA, y el de Angélica María Muñoz Cervantes, quien fuera la novia de uno de sus hijos. Una perla por si solo, Hank Rhon ha sido protegido por gobiernos de la República del PRI, del PAN y de Morena, sólo en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, fue detenido y encarcelado por acopio de armas y en el del bajacaliforniano José Guadalupe Osuna Millán, arraigado por la investigación de la muerte de la joven Muñoz.

Hank fue invitado especial a la toma de posesión de la Gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, quien lo derrotó en las elecciones del 2021, y su hijo fue candidato a senador por el Partido Verde, aliado de Morena en el proceso electoral de 2024.

Ya son demasiadas las perlas en Morena, pero a diferencia de la canción de Rosalía, las banderas rojas andantes en México son protegidas, arropadas con el manto de impunidad, aun cuando se les investigue en tierra ajena… a ver quiénes siguen en ser señalados en el extranjero y no investigados en casa. Peor aún, a ver hasta donde Morena estira la liga de la impunidad en un México que habrá de pagar las consecuencias.

FUENTE/MEDIO: SINEMBARGO.